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Queridos amigos y amigas:

Cumplo mi promesa de junio de dar un repaso a los problemas de la montaña. Los comentarios están especialmente destinados a los montañeros, pero hago envío también a Instituciones o personas que en el desarrollo de sus funciones pueden tener interés en las informaciones aportadas (medios de comunicación, Diputados de Agricultura y Medio Ambiente de las Diputaciones Forales, las cuatro Federaciones de Montaña y algunas personas más interesadas en el tema)

Como los montañeros están fuera del alcance de mi capacidad de difusión, hago el envío a través de los Clubes. Me gustaría que cada Club haga lo posible para que lleguen a ellos, que puedan pararse unos minutos a pensar en lo que está pasando.

Un abrazo a todos

Vidal Olabarria
Montañero

NUESTRA MADRE LA MONTAÑA

(Lectura para personas que aman la montaña)

Utilizo el nombre de montaña como sinónimo de naturaleza, a efectos prácticos son lo mismo. Las desgracias del monte se repiten en la mar, ambos sucios, castigados y arrasados, arriba se quitan árboles y no hay setas ni cangrejos, en la playa no ves una lapa, concha o quisquilla. Arriba encuentras el “encanto” de los quads con ruido y nena a bordo, y en la mar las motos acuáticas y las motoras, raudas, también con nena a bordo. La montaña se martiriza con obras faraónicas, los ríos se engalanan con plásticos y cosas peores, y la mar se ahoga en chapapote. Los artistas siempre los mismos.

Hace tiempo que vengo pensando en estas cosas y el pasado 24 de junio en mis comentarios sobre las carreras y marchas de montaña prometí a los montañeros hablar de la montaña, maltratada a fondo por la sociedad actual, incluso también por actividades montañeras derivadas de la masificación y del modo descuidado de hacer las cosas. Me dirijo especialmente a mis “compas”, se supone que tienen mejor conocimiento y sensibilidad para la montaña, si nosotros no la defendemos, ¿quién lo va a hacer? Tenemos muy buenas cartas, el caminar allá arriba, cerca del cielo, dejadas abajo las prosaicas preocupaciones cotidianas, da claridad y frescura a la mente, se ve todo más claro. Nuestra meta es ser deportistas y elegantes, ágiles de cuerpo y espíritu, fuertes y dueños de nosotros mismos, como ya hace tres mil años nos enseñaron los viejos griegos, no de la masa de ganorabakos que anda por ahí. En andar por la montaña, en respetar y defender la naturaleza, tenemos que ser sobresalientes, los primeros.

Me han salido muchas páginas y esto me disgusta, no quiero aburriros, pero, claro, es que no estoy haciendo agradable literatura ficción para dar gusto a los lectores. Lo que cuento es serio, nos jugamos mucho en ello, y me siento obligado a contarlo, especialmente a los montañeros. De todos modos la idea central se reduce a siete páginas, las restantes son notas aclaratorias. Los no interesados pueden, sencillamente, pasar página.

Antes de entrar en materia voy a contar experiencias de este mismo año, frescas, cosecha de 2010. (Ver nota nº 1). Bueno, pues así somos, variopintos, poco amables con la montaña, eso nos dicen los casos parciales explicados en la nota citada. Actuamos como si hubiera montañas para usar y tirar. Vamos a comentarlo por partes:

¿Cómo andamos de montañas?

Mirad, ahí están las que construyó la Diosa Madre Tierra hace millones de años, las mismas que aquella banda de abuelos nuestros procedentes de África encontró a su llegada a Europa hace 40.000 años, las que encontraron aquí los romanos hace 2.000 años, quizá alguna menos pues ya hicieron travesuras buscando metales (Riotinto, Las Médulas). Posteriormente nuestra todopoderosa Tecnología no ha construido montañas, le va mejor destruirlas o llevárselas, hay de esto historias curiosas.

¿Os parece que son muchas montañas? Algunos eso creen, repiten que “en la montaña cabemos todos”, “que la montaña es de todos y, si nos gusta, por qué no vamos a realizar nuestros deseos”. Hay una verdadera invasión de gentes y una brutal presión del progreso incidiendo en la montaña. Hay muchos intereses miopes y egoístas, hasta en niveles legislativos está todo enredado. Hay largas discusiones que no sé “cuándo”, pero que sí sé “cómo” acabarán, será:

  • en lo personal, exigiendo de montañeros y excursionistas aptitud y conocimientos (como para los permisos de conducir y licencias de caza), estableciendo cupos o limitaciones en el número de visitantes y el pago de una cuota destinada al mantenimiento y rigurosa vigilancia de la montaña. (Como tienen que pagar los seteros en numerosos municipios que por lo visto no piensan que “el monte es de todos”);

  • y en cuanto a actividades, estableciéndose por las Autoridades deportivas y medio ambientales unos criterios de discriminación positiva que favorezcan las actividades más en armonía con la montaña. En otra ocasión, mas adelante, me ocuparé de esto.

¿Y cuántos andamos por la montaña?

Pues, hoy, muchísimos, pero siempre no fue así. En realidad andamos por todos los rincones del mundo, con las prisas y fiebre que son los males de nuestra sociedad. Hay que distinguir entre habitantes, por un lado, y aficionados o interesados en la montaña por otro. En esto ha habido una inversión total en los términos, desde nuestros antepasados que vivían en su totalidad en los bosques, no había pueblos o ciudades, hasta hoy en que la mayoría vive en núcleos urbanos desde donde, por intereses diversos, presiona sobre la montaña.

El crecimiento demográfico es un gravísimo problema en todo el Planeta, con los desajustes y hambre conocidos. Pero aquí solo vamos a retener algo sucedido en el siglo XX que afecta directamente a la montaña. Se da en dos pasos:

  1. surge y crece desmesuradamente la “afición” a subir a la montaña. Anteriormente se iba solo por necesidad.

  2. en la segunda mitad del siglo a los aficionados se unen masas motorizadas y masas excursionistas empujadas por el gregarismo, la tecnología, la codicia y el dinero. Esto, unido a las exigencias del progreso orientado a satisfacer necesidades vitales, ha dado lugar a una situación insostenible. (Para más detalle ver nota 2)

La segunda mitad del siglo XX. Marco general

Tema complicado, mencionaremos solo aspectos que interesan. Vivimos dentro del sistema económico y social neoliberal establecido a partir de la Segunda Guerra Mundial, sistema con serias lagunas, crisis, desigualdades sociales, hambre en un tercio de la población del Planeta. De sus muchas facetas destacaría las seis siguientes:

  1. En cualquier caso es una sociedad depredadora y derrochadora que, prisionera de su prisa y codicia, va a conseguir en un tiempo record, poco más de 100 años, agotar recursos cuya creación ha costado a la naturaleza miles o millones de años: el petróleo; los últimos peces de las más lejanas pesquerías; la agricultura tradicional; las maderas preciosas de los bosques tropicales, se liquidan hasta los indígenas que viven allí; el aire limpio para respirar; el agua blanca, casta y pura para beber; la noche y las estrellas, nos han robado el cielo. A cambio, record de basura.

  2. Hay un futuro incierto para la vida: explosión demográfica, “cansancio” de la tierra, hambre, contaminación de tierras, aire y agua, amén de otros desastres naturales o sobrevenidos. Esto para algunos es cosa de agoreros, pero otros, razonablemente, temen que se repita la fabula de los pastores y no veamos el lobo hasta tenerlo encima. Extraña que los poderosos, bien asesorados pero con visión miope, no encaren mejor este problema que nos puede llevar al naufragio, del que tampoco ellos podrán escapar. No sería la primera vez que en la historia de la Tierra ocurre un desastre total, y estamos comprando boletos para ello. (Nota 3)

  3. Se cumplen temores de pensadores modernos que a lo largo del siglo han avisado del poder de la codicia material, de abocarnos a una sociedad robotizada, alienada, prisionera de su egoísmo, sin otra motivación que la de hartarse y acumular dinero y poder.

  4. Esta sociedad neoliberal tiene capacidad ilimitada de producir bienes, que luego tiene que vender. Por eso, con poderosos recursos, nos obliga a comprar y comprar, hasta endeudarnos Para ello tenemos que trabajar y trabajar, y para pagar las deudas, más trabajar. Es como una rueda donde estamos enganchados que da vueltas sin fin, condenados a no parar. Cualquier fallo, el dejar de comprar, o de pagar, o de trabajar, es la crisis o desastre total.

  5. Encuentra su caldo de cultivo en una sociedad de masas que ha crecido en bienestar material y menos en lo cultural, a la hay que tener con la tripa llena y entretenida con la bazofia que llega a través de medios audiovisuales. Hay que evitarles la tentación de leer o pensar (es peligroso), por eso les venden todo envasado, lo que tienen que creer, pensar, opinar, comer, beber, cantar, vestir, comprar, sobre todo eso, comprar y comprar, hasta cosas innecesarias. Ese conjunto de comprar y comprar, por un lado, y estar entretenidos, es lo que ahora se llama “entetanimiento” (contracción de teta y entretenimiento). Imaginad un pastor propietario de ovejas (que somos nosotros) cuidadas con buen pasto y entretenidas, así dan más leche (¿no habéis oído que las vacas en granjas con música dan más leche?), y las ordeña a diario, de ahí viene lo de teta. La palabra citada fue feliz idea de uno de los gurús, antiguo colaborador del Presidente Carter, que ahora asesora a los poderosos.

  6. Una falta de liderazgo, una suerte de vacío en el gobierno de las masas de esta sociedad. Hay el mando férreo que está arriba, en los poderosos, en el pastor propietario, que marca las líneas maestras que verdaderamente se cumplen, pero abajo la masa social va a su aire sin un liderazgo que señale el rumbo. Ahí están los políticos, que se dejan llevar por la corriente, es más cómodo y así no pierden votos. Más abajo, en cada sucesivo nivel, pasa algo parecido.

Es cierto que, aparentemente, se toman decisiones, hay un carro de leyes, normas, directivas y declaraciones solemnemente promulgadas, pero son de “papel”, duran el tiempo del acto de su presentación por el político, hasta que se marcha el fotógrafo. El paisano de abajo sonríe al ver la escena, a lo mejor le comenta al amigo, ¡vaya labia que tiene el tío!, ¿ya le comprarías a ese un burro en la feria?, ya sabe que al día siguiente esa norma no estará en la agenda del político, capta eso que se llama un “mensaje no verbal” de falta de interés. En resumen, parece que se hace algo para no hacer nada. En algún caso ni la norma de “papel” se consigue, tal el Proyecto de Ley de Carta de las Montañas que desde hace años duerme plácidamente en algún profundo cajón del Congreso de los Diputados. Así nos van las cosas.

Bien, pues a esta situación hemos llegado en poco tiempo, en cinco minutos para el reloj de la Historia, pero son muchas las cosas que han cambiado, como es bien conocido. Por si os pueden servir, os paso unos sencillos ejemplos. (Nota 4)

El progreso material en el siglo XX. Satisfacción de necesidades vitales

La montaña soporta servicios vitales: redes de transporte de energía y postes de telecomunicación con sus servidumbres de carreteras o pistas de servicio, ferrocarriles, agresivas y pesadas excavadoras, maquinaria forestal, aerogeneradores, infraestructuras con su acompañamiento de canteras, cementeras, escombreras, vertederos, etc.

Este progreso es arrollador, desde la última parte del siglo XIX tenemos lo importante: máquina de vapor, ferrocarriles, petróleo, electricidad, dinamita, automóvil, aviación, medicina, comunicaciones. Se avanza en direcciones buenas y malas, pero fundamentalmente para satisfacer nuestras primeras necesidades. Hasta ese momento la vida ha sido muy dura, pico y pala en las minas y en las obras, hachas y sierras de mano en los bosques, vida cotidiana simple, falta de comodidades y carencia de servicios indispensables. Hay que aplaudir el progreso, pero sin olvidar el precio pagado y sin dejar de expresar que las cosas se pudieron hacer mejor. Hemos llegado a vivir en un entorno humano degradado, solo a medias habitable. No olvidarlo y a ver si estamos a tiempo de echar el freno. Lo grave aquí es que, sabiendo como sabemos que esto tiene que parar, pues no podemos tapar comarcas enteras con asfalto, hormigón y ladrillos, lo grave, repito, es que no sabemos cuándo ni cómo parar. (Unos ejemplos en nota 5)

En cuanto a la manera de tratar a la montaña hay que decir que se la trata mal, triste e innecesariamente mal. En medio de una indiferencia que llega hasta muchos montañeros, por el miope egoísmo de unos y por la pasividad e indolencia de otros en esta sociedad embarullada que no atina con su Norte, pues se la trata mal, tan mal que no se comprende cómo ello puede ocurrir en nuestra avanzada civilización. (Una explicación más detallada de esto se puede ver en nota 6)

¿Y cuál es el sentido, el Norte de todo esto? Se veía venir, ya el gran escritor Pío Baroja, anticipándolo, se dolía de ver que “los postes sustituyen a los árboles, las paredes de cemento a los setos vivos y los tornillos a las flores” Añadía “que él no es de la Cofradía de los que desprecian a la Ciencia pero que sí era de los que abominan de la industrialización estólida hecha a beneficio de maestros de obras y contratistas” Dejó retratada esta nuestra sociedad actual donde la Ciencia y la Tecnología están al servicio de los intereses económicos.

En resumen, consecuencia de la desmesurada exigencia de bienestar de la población (habría que aprender a llevar una vida más modesta) y de la codicia de otros que se aprovechan y tratan despreocupadamente a la naturaleza, la montaña está llena de cicatrices y heridas, sobreexplotada, sin esperanza por el momento de que esto pueda cambiar.

El peso del progreso orientado al ocio y entretenimiento

Excusado decir que en este valle de lágrimas y calamidades bien que necesitamos explorar los caminos de la felicidad. Bienvenido el progreso si nos enseña la importancia de la holganza, de los juegos, del goce de la vida, del viajar, de la cultura, de la naturaleza, del arte, del sentido del humor, del reír, del rascarse. A nosotros, orgullosos ciudadanos del siglo XXI, enredados en una telaraña de problemas que nosotros mismos hemos creado, bien haríamos siguiendo a los viejos sabios que conocen los caminos a la felicidad. Pero ésta está reñida con las prisas, con el ruido, con la desmesura, con la codicia, con la ignorancia, con la falta de deportividad, males de hoy.

Hasta la época de mis abuelos había una relativa tranquilidad en el campo. Se subía a pie al monte. La montaña era respetada. Pero con el desarrollo y el bienestar, lo deportivo que cobra brío en todas direcciones y en particular hacia la montaña. Aquellos indiferentes que la veían como un sitio para ir a por leña, o donde si subes tienes que bajar, ahora de repente se fijan en ella y la convierten en objeto de deseo. Aparecen los enamorados de la montaña, se perfilan ya las masas excursionistas y las masas motorizadas. En la situación de hoy, en mi opinión hay tres cosas a destacar:

La desmesura en la presión sobre la montaña por el desarrollo de la tecnología y la práctica de agresivas políticas de ventas de poderosas empresas que han olido el negocio. Han encontrado una mina. Se inventan o provocan necesidades artificiales en gentes que no las sentían y el resultado es que, con la montaña a tope, cuando habría que poner el freno, la codicia y el dinero mandan para arriba más y más de esas gentes.

El gregarismo en grandes masas de la población. Gentes que han subido en nivel económico pero que en lo cultural no han crecido paralelamente son presa fácil para con una publicidad agresiva llevarles como ovejas a comprar y comprar.

Un algo de pasotismo, de indiferencia en la sociedad y en las Instituciones a la hora de corregir los excesos. Tanto nos hemos pasado al otro lado que un record de excursionistas o participantes se considera un éxito cuando, en el caso de la montaña, es una desgracia.

La desmesura y el gregarismo deberían corregirse, pero no se hace, no está ello en la agenda de los líderes, es más cómodo dejarse llevar por la corriente. La misma Ley del Deporte del País Vasco pone su acento en la promoción y fomento del deporte, despachando de pasada lo referido a la naturaleza con el angelical párrafo de: “la promoción del aprovechamiento adecuado del medio natural para la actividad deportiva haciéndolo compatible con la protección del medio ambiente”. En nota 7 se detallan actividades realizadas en la montaña.

El efecto llamada, la trampa de la comodidad

Cada día tenemos nuevos espacios que atraen a las gentes y nuevos inventos, en general de motivación económica, que hacen cómoda la subida, sentados, y grata la estancia. Tales son: los Parques naturales; la proliferación de carreteras innecesarias (de un año para otro se pasa de la calma en el monte a encontrar una nube de seteros y excursionistas, hasta en coches normales de turismo); merenderos y áreas recreativas; teleféricos, vías ferratas; máquinas ratrac y helicópteros para subir a los esquiadores más allá de las pistas; serpas que en la alta montaña abren huella y ponen cuerdas en la nieve. (Más detalle en nota 8)

Dentro de un marco verdaderamente deportivo esto es un retroceso. Las gentes, con Antxón Bandrés a la cabeza, crearon en 1924 la Federación Vasco Navarra de Montaña para fomentar la actividad física, fuente de salud corporal y mental. Como los viejos griegos que formaron hombres fuertes de cuerpo y espíritu. Fuertes, sólidos, para navegar entre las aguas revueltas de la vida. Siempre nos enseñaron que la vida es dura, había que sudar, había que ejercitarse para afrontarla. Pero la realidad es que, siendo el esfuerzo y el deporte más necesarios que nunca en nuestra regalada y comodona sociedad, ya no se suda, nos estamos ablandando. Aunque se trata de circunstancias distintas, me viene el recuerdo de lo que el gaucho Martín Fierro pensaba de los gringos blandengues que aparecían por la Pampa:

-si hay calor ya no son gente,

-si yela todos tiritan,

-cuando llueve se acoquinan,

-como perro que oye truenos,

-¡qué diablos!, solo son güenos

-pa vivir entre maricas.

Dejando de lado la ficción sucede lo siguiente:

  • los excursionistas que suben sentados en realidad son como turistas que van a los bares del Casco Viejo a tomar algo (lo único distinto es el aire limpio que respiran y, en sentido negativo, lo que ensucian y algún que otro incendio)

  • los montañeros que utilizan apoyos artificiales en sus ascensiones (teleféricos, o vías ferratas para rebasar zonas de simple trepada), dentro de otro nivel se convierten también en turistas.

  • incluso en el más alto nivel, y salvando las distancias, los ochomilistas que suben utilizando cuerdas y pisando huella en la nieve previamente preparadas por los serpas, en cierto modo, de alpinistas bajan a turistas ochomilistas.

El peso de intereses mercantiles en la organización de pruebas deportivas

Es notorio que este peso es grande, ya en la Asamblea de la EMF de 2001 (Pyrenaica nº 205) se da por sentado que estamos en un mundo diferente “regido por las reglas del espectáculo, del patrocinio, de la competición”. Esto es un fenómeno mundial, está ahí, la cuestión es hasta dónde se llega en el precio a pagar, en este caso en su repercusión en la naturaleza.

En primer lugar, nos movemos en un escenario confuso:

  • una geografía administrativa muy complicada, en la Sierra Gorobel se entremezclan Burgos, Álava y Vizcaya. En la prueba Galarleiz se pasa a caballo entre Burgos y Vizcaya y si ahí, como tengo entendido, los organizadores comunican las pruebas a los pueblos por donde pasan, me pregunto que si sirve para algo este tramite burocrático.

  • además de los Parques Naturales (con normas dispares) tenemos los espacios no protegidos, muy castigados.

  • conviene recordar también el modo de ser de las personas que, haya normas o no, al no haber vigilancia hacen lo que les da la gana.

Ese escenario facilita la introducción de intereses comerciales. La Galarleiz son tres pruebas que pasan a la vez por el Zalama: marcha, carrera a pie y carrera de bicis. Detrás de su organización está el apoyo de intereses comerciales. Recuerdo que daban un obsequio Adidas a los participantes que llegaban a la meta con una prenda de esa marca. Llama la atención la carrera de bicis porque no es lo mismo andar en bici por el monte que haciendo carreras. Por otro lado, hace unos años en Benasque se hacía la maratón del Aneto en condiciones semejantes (se me quedó grabado el recuerdo de los envases tirados en la nieve virgen del collado de Coronas) Hay que mencionar también la Marcha Bilbao-Pagasarri, de características singulares (Nota 9)

En estas pruebas, carreras en bici, carreras a pie (de reciente creación, ni siquiera se mencionan en las regulaciones de los Parques Naturales) se atraviesa una naturaleza cuya conservación corresponde a Instituciones (Diputaciones y Ayuntamientos), y la naturaleza es frágil en todo caso, o puede serlo en determinadas circunstancias, ya hemos comentado anteriormente la necesidad de establecer cupos o limitaciones. (Más información en nota 10) La cuestión que aquí surge, de importancia capital, es ¿hay alguien independiente de la organización (conjunto de promotores, organizadores, árbitros, controladores, etc.) que autoriza la prueba y cuida del medio ambiente? En el supuesto de que ello se deja en manos de los organizadores hay una evidente carencia de objetividad, ellos son a la vez juez y parte. Con independencia de su integridad personal, de la que no se duda, ya sabemos que lo que a ellos les tira es la promoción de las pruebas.

Conclusión

Como habréis visto, en estos comentarios se trata exclusivamente de los problemas de la montaña. Falta lo referido a su defensa, cosa que dejo para más adelante.

He hecho los comentarios con pena porque nuestra naturaleza, nuestro medio ambiente, están muy degradados y se ha llegado a ello sin necesidad. En la naturaleza, tierra o mar, a pesar de que unos seres se comen a otros, siempre hubo un relativo equilibrio hasta que los humanos lo hemos roto. El progreso muy bien pudo tener lugar en armonía con la naturaleza, pero nuestra condición humana es mala y, teniendo recursos para hacer las cosas bien, se hacen mal. A todo esto también sé que estoy haciendo unos modestos comentarios que llevará el viento, no tendrán repercusión cuando ni siquiera la tienen colaboraciones de científicos importantes.

Bien, me despido con las palabras de un viejo roble, es él quien os habla:

“Hermano, amigo, voy contigo en el camino de tu vida, ¿no te acuerdas que fui la cuna donde te mecieron, el caballito de madera de tu niñez y la herramienta de tu juventud, luego la sombra de tu verano, la mesa de la cocina, la cama de tu descanso, la viga de tu casa, y que seré el bastón de tu vejez y la barca que te llevará a donde vayas en tu último viaje? ¡Quiéreme, cuídame!”

Vidal Olabarría

Montañero
Ercilla 44-6º A
48011 Bilbao
Federado 14416008
Tel. 944415132


NOTA 1. PROBLEMAS VARIOS VISTOS EN LA MONTAÑA EN 2010

1. El monte Jaizkibel

Excursión del Club el pasado enero, 50 personas, recorrido entre Lezo y Hondarribi por este monte emblemático. Para empezar llama la atención la profusión de carreteras y la subida hasta arriba de toda clase de vehículos. Como había llovido la tierra estaba empapada y la rodadura de las bicis no era una línea verde de hierba pisada sino una línea chocolate de tierra revuelta. Los excursionistas con nuestras pisadas revolvíamos el chocolate y lo dejábamos dispuesto para su viaje al mar con las próximas lluvias. Poco hay que esforzarse para imaginar el resto, lo que sería el paso de una carrera a pie, o de una Marcha de Largo Recorrido, en número de cientos o millares de personas. (Personalmente, he participado en una de esas Marchas, pero en verano, sin problemas)

Otro acontecimiento ha sido el pasado julio, la Clásica Ciclista de San Sebastián, con dos pasadas por Jaizkibel y la consiguiente masa de espectadores aficionados.

2. Tala de árboles para ampliar el callejón de paso de línea de alta de Iberdrola

Las servidumbres de las líneas eléctricas de alta tensión (los comentarios sirven para los gasoductos o las conducciones de agua) proliferan para llevar energía a los últimos rincones. A la par cada vez son más exigentes sus servidumbres. Precisamente el pasado invierno una empresa contratada por Iberdrola, mediante la correspondiente tala está ampliando el callejón de paso de las líneas eléctricas, ampliado de acuerdo con Resolución del 21-1-07 del Departamento de Industria del Gobierno Vasco. Sin entrar en el fondo del asunto voy a comentar un efecto colateral. Se trata de que, aparte pinos (cuyo valor es solo comercial) han talado varios robles y una elegante encina y, por descuido o impericia, varios pinos grandes se han desviado de su trayectoria de caída y han tronchado varias encinas y robles más. Son cosas de difícil remedio, los empresarios subcontratados son gente sencilla, los operarios son inmigrantes que bastante preocupación tienen con ganarse el pan, les cuesta entender el daño de tronchar una encina de gran valor ecológico, te dicen “pero si ese árbol no vale nada” y efectivamente desde su punto de vista es así porque en una zona de monocultivo de pinos un árbol suelto de otra variedad no tiene mercado, no se vende.

3. Maquinaria pesada en acción

Con motivo de los recientes vendavales han quedado las pistas rotas y bloqueadas. Inmediata acción de agresivas excavadoras.

4. Tala de una explotación de pinos

Coincidiendo en el tiempo tiene lugar esta tala en finca próxima a la anterior. Hay en ella particularidades: por un lado el suelo es profundo porque anteriormente fue tierra de labranza; con las lluvias está totalmente empapado; la tala se hace con pesadas cortadoras y arrastradoras de troncos; el transporte a través de la finca, con pesados camiones especiales de monte, surcos, hoyos, profundas rodaduras, barro arrastrado a la carretera. Luego las lluvias limpian la carretera y el barro de viaje hacia la mar.

5. Latas y plásticos abandonados

Esto es corriente, un guarda forestal me decía, muy enfadado, que no consigue que al terminar las talas se lleven las latas de aceite vacías. Recientemente hicieron una plantación de abedules y allí dejaron las bandejas de plástico negro que sirvieron para traer las plantitas. Han pasado los meses y las bandejas siguen allí, ahora medio tapadas por las zarzas.

Recientemente he tenido que avisar al Ayuntamiento por dos cosas: una, que alguien ha dejado en la cuneta de la carretera cinco grandes sacos llenos de tejas rotas (a pesar de los “garbigunes” todavía se ven estas cosas, por lo visto es más fácil tirar la taza del retrete entre las zarzas, como han hecho más de una vez); la segunda, que como la tierra tiene la costumbre de escupir las cosas que no le gustan, en escombrera próxima están aflorando plásticos, metales y hasta una batería de coche medio podrida, cosas que desde años atrás vienen siendo arrastradas por el riachuelo colindante.

Por otro lado, personalmente, conozco y sigo practicando el oficio de recoger los plásticos y envases que los excursionistas tiran entre mis robles.

6. Los envases en una Marcha de Largo Recorrido del calendario oficial

Hay una marcha concreta donde los que van corriendo tienen la costumbre de dejar en montoncitos en el suelo los envases de bebidas que no han consumido en los puestos de aprovisionamiento. Van tan “encoñaos” con las prisas y la competitividad que no se pueden parar un minuto para beber o mear como Dios manda. Comentado con la organización dicen que ellos no tienen que recoger esta basura, pero que lo hacen porque mucho peor sería que la tiren entre la maleza del monte. Ya en mis comentarios de 2009 aludí a los aprovisionamientos, establecidos con buena intención a la vez que perversos en sus resultados, pues por varias razones se han convertido en veneno para la deportividad de las marchas. ¡Mal ejemplo estamos dando, compañeros!

7. La erosión. La acción del agua

El mal estado por abandono y mal trato de caminos y pistas, las malandanzas de las aguas que corren a su antojo y la grave erosión de los terrenos son un extendidísimo problema en el País Vasco. Se encuentran tramos de pistas destrozadas pues, diseñadas con pendiente muy empinada, con tendencia a lo vertical, cuando las aguas bajan alocadas las convierten en regatas que se llevan la tierra y dejan las grandes piedras al aire.

Hay una montaña, vieja conocida, muy bonita, terreno liso, suave y redondeado, una verdadera tentación para bicis y motos. Hace como 60 años tenía una hermosa capa herbosa, lo de ahora son crecidos calveros donde asoman las cayuelas, blandas, cada vez más machacadas por excursionistas y ruedas de vehículos.

NOTA 2. LA POBLACION. LA AFICION A LA MONTAÑA

El recuento de la población y una grosera caracterización de su grado de compenetración con el bosque y la montaña podría ser como sigue:

En el Paleolítico y Neolítico sus habitantes vivían inmersos en la naturaleza, a la que respetaban y veneraban. Se desconoce su número, pero eran pocos. Armas y utensilios de madera, piedra o hueso eran sus herramientas. Hace 2.000 años llegaron los romanos, que conocen el hierro. En la época de su dominación y a lo largo de la Edad Media la vida en el mundo rural discurre despacio, de modo semejante a tiempos anteriores, aunque por otro lado tenemos ciudades importantes. Era tiempo de miserias y calamidades, el bosque lo presidía todo, incluso estaba lleno de una población flotante constituida por pícaros, hambrientos, falsos lisiados, enfermos en el borde del camino en espera de un viajero que sepa curarles, fugitivos del mal trato señorial, bandoleros, falsos eremitas, peregrinos, etc., de tal manera que se dice que había más vagabundos que población asentada en las aldeas. Pero con todo esto no había agobio para la montaña, que era respetada.

En el siglo XVI hay ya un censo de población, 210.000 habitantes para el País Vasco, que pasa a 413.000 en 1857 y a 603.000 en 1900. Hemos atravesado la Edad Moderna, se van acabando la veneración y respeto a la montaña, pero sin pasar a mayores, los medios y herramientas para dominarla son sencillos, hachas, sierras de mano o azadones, pico y pala, aunque suficientes para hacer unas buenas talas con destino a la construcción naval. La caracterización del subir a la montaña es por necesidad, no existe la afición montañera.

Posteriormente, el crecimiento de la población se dispara, se pasa de los 413.000 de 1857 a los 1.061.000 de 1950, y en otros 57 años a los 2.141.000 de 2007. Crecimiento que tiene lugar fundamentalmente en áreas urbanas. Este crecimiento, en términos absolutos, es muy grave incluso para el propio Planeta, que no puede con esta carga y la que se avecina porque la población sigue creciendo, empezando porque no hay comida para tantos. De esto se habla poco y se hace menos, pero el problema sigue ahí.

Pero dejamos esto aparte porque lo que hoy nos importa son dos nuevos pasos que se han dado:

  1. el crecimiento de la “afición” a subir a la montaña, cero a principios del siglo XX (en la época de mis abuelos se hacía únicamente por necesidad), hasta que aquellos burgueses de la ciudad (tal como expliqué en mis comentarios del pasado junio) desarrollaron algo ”lúdico y recreativo” como el deporte de montaña.

  2. se da en la segunda mitad del siglo, en el despertar de una sociedad que sale de guerras y calamidades, cuando a los aficionados se unen las masas excursionistas y las masas motorizadas, empujadas por la tecnología, publicidad, codicia y dinero de poderosos intereses que han puesto la vista en la montaña y organizado el aprovisionamiento de la nueva sociedad consumista y derrochadora que como fatal locomotora empuja y pesa sobre la naturaleza.

NOTA 3. EL FUTURO DE LA HUMANIDAD

Parece que la especie humana busca su autodestrucción. No es que vaya a ocurrir mañana por la tarde ¡tranquilos!, pero al paso actual algo grave puede ocurrir en 100 años (algunos dicen que antes), es decir que lo pueden sufrir nuestros nietos. Puede venir por la explosión demográfica; “cansancio” de la tierra por agricultura intensiva con abuso de pesticidas y fertilizantes artificiales; contaminación del aire, de la tierra y del agua; por enemigos microscópicos a los que hostigamos pero no sabemos cómo derrotar; posibles desastres naturales (nos acechan enemigos muy grandes y otros, peores, pequeñísimos, o sea que lo mismo nos puede llegar un pedrusco del espacio que subirse a nuestras barbas un virus de los que andan por ahí escondidos). Un riesgo próximo es el de una catástrofe nuclear, sobrevenida o provocada, cada vez son más los países con armas atómicas, el panorama es negro.

Y ojo los poderosos que aunque el desastre, como siempre, atice primero a los desheredados, también nos va a pillar a la sociedad opulenta, todos respiramos el mismo aire y vamos en la misma barca. Salvo que algunos puedan hacerse un chalet en la Luna o encerrarse en una urna de cristal. Hubo una película hace unos años en que el cacique del pueblo, en una situación de escasez crítica, para asegurarse el alimento tenía una gallina encerrada en la caja fuerte para que no se la roben. Era la única gallina que había en el pueblo.

NOTA 4. TRANSFORMACIONES OPERADAS EN LA SEGUNDA MITAD DEL SIGLO XX

Unos pocos ejemplos:

La vida corriente hace 60 años. Todo era sencillo, sueldos pequeños, comida austera, vestido y calzado modestos, no teníamos ni coches ni cosas, horizontes cortos, no se viajaba, vivíamos de día (como el sol, los árboles o los pájaros), en lo sentimental algún beso robado a la novia, para fiestas las romerías de los pueblos a donde ibas en bicicleta, bebíamos gaseosa o cerveza.

Hoy hay prisa para todo, para comprar y comprar, para endeudarse. No falta nada, coches, casas y cosas y cosas, todo en plural. Da seguridad personal el llevar ropas de marca; hay un consumismo gregario que llega al ridículo (Popeye ya no toma espinacas, los dietistas le han recomendado sandía que da salud y vigor y además refuerza la potencia sexual, ¡pobre Olivia!); hay gentes desorientadas que pierden su personalidad propia para copiar la de sus ídolos (que las artistas de cine no tienen culo, pues ¡hala!, al gimnasio, guerra al culo); el amor se ha trivializado, hacen sexo vulgar como comer todos los días garbanzos; quieren emociones nuevas (extraños deleites más allá de la frontera natural de los sexos, o la toma de drogas para viajar por paraísos artificiales).

Una vida profesional hace 60 años, por ejemplo un responsable de ventas de una empresa que producía bienes para un ámbito regional o nacional. Tenía un propietario o grupo de accionistas normalmente sedentario y las ventas se hacían por medio de viajantes de comercio que en tren o autobús de línea, parando en antiguos hoteles o fondas, hacían la ruta asignada. ¡Qué bien dormían sin necesidad de pastillas! El sábado autobús y a casa, camisa limpia y a pasear con los niños.

Hoy se trata de una multinacional, su ámbito es el planeta, su meta, a través de una feroz competencia, son el beneficio y el dominio del mercado. Dejando aparte sus máximos ejecutivos, de “jet” privado y casi invisibles en su mundo exclusivo, los vendedores son profesionales muy bien formados, elegantes, “l` homme arrivé” que dicen los franceses, los podéis ver en los aeropuertos con su maletín de ejecutivo, vuelan a través de todos los husos horarios del planeta, sufren del mal de los habituales del avión, llevan una apretada agenda y, sobre todo, la presión para llegar a las metas de negocio proyectadas. Hay que ganarse a los clientes, sirven todos los recursos, presión personal, invitaciones a restaurantes exclusivos, espectáculos de todos los colores. Vida aparentemente bonita pero endiabladamente dura si es por cotidiana obligación. Como el que decía a su hijo “hijo mío, cuánta langosta tiene que comer tu padre para que tú puedas comer pan”. Pues así es el vendedor de hoy, eficaz, joven, se hará viejo pronto, que el fin de semana vuelve a casa en una situación que su mujer explica diciendo “mi marido viene cansado, no tiene ganas de nada, toma pastillas para dormir”. Al final el ejecutivo gana dinero pero ¿es eso felicidad?

La vida en el mundo obrero. Haciendo, para abreviar, una tosca simplificación, diremos que en menos de un siglo se ha pasado de rudos trabajos con pesadas herramientas (minería, metalurgia, peonaje), a la siguiente etapa de autómatas encadenados a la rueda del progreso, situación que Charles Chaplin cuenta muy bien en la película Tiempos Modernos, del operario que trabajaba como un robot en la cadena de montaje y que en la calle seguía con su llave inglesa apretando los botones de los abrigos de las señoras, que creía eran tornillos. Este mundo proletario cuenta hoy con adelantados medios técnicos, pero sigue despersonalizado, estamos metidos de lleno en la rueda del producir más y más.

Un trabajador del campo. La vida de entonces era dura. La dieta de los que hacían trabajos pesados, leñadores, peones, era cocido de habas secas con tocino. Trabajador de cagada recia y buenos vientos en el corral, el polo opuesto de las gentes de hoy, estreñidas, insomnes y que toman pastillas. Hubo un escritor de la China tradicional que fue a vivir a Nueva York, donde encontró un nuevo y moderno sistema de vida. Le choco aquello y preguntaba, ¿imagináis a un campesino chino estreñido y con almorranas? Hoy esto ha cambiado, el hombre del campo es un empresario o trabajador más, con su moto, coche, cómodas herramientas y las correspondientes preocupaciones, insomnio y estreñimiento.

NOTA 5. PROGRESO ORIENTADO A SATISFACER NECESIDADES VITALES

Es necesario para nuestro bienestar, trae cosas buenas pero por otro lado tiene un precio que hay que pagar y de esto se habla menos. Lo vamos a ver con ejemplos pues así se entiende mejor.

Veamos el rastro que el progreso deja en un pequeño pueblo de nuestro pequeño país. Tal Ugao-Miravalles (como muchos que hay semejantes) que en tiempos no muy lejanos (vivían mis abuelos) era un bonito pueblo rodeado de huertas por donde solo pasaban el río y el camino de mulas que comunicaba Vizcaya con Castilla. Luego, como en procesión, llegaron el automóvil, el camino se hizo carretera, se hizo el ferrocarril por el centro del pueblo. Una simple línea de Hidroeléctrica Ibérica bajaba por el valle. Más tarde hubo que hacer la doble vía del ferrocarril hasta Orduña, así como el desvío de la carretera por las huertas circundantes para evitar el paso por el centro. Finalmente la autopista A-68 e innumerables redes de suministro de energía, postes de telecomunicación, todo ello con sus complementarias servidumbres de carreteras o pistas de servicio, etc. ¿Qué queda de Ugao-Miravalles? Las gallinas, los conejos, las lechugas, los manzanos y las flores se han escondido debajo del asfalto, cemento y ladrillos.

Un ejemplo más importante, el Gran Bilbao. Aquel bajo Nervión con sus riberas festoneadas de industriosos pueblos rodeados de huertas y caseríos. La ría con sus pescadores. Dentro del propio Bilbao había huertas y caseríos, eran famosos los tomates de Deusto. Los veleros de altura subían hasta el Arenal. ¿Qué hay de todo eso? Un gran conjunto urbano suma de muchos municipios, una megalópolis. Recorrido de día, asfalto, ladrillo y cemento con algunos islotes de verdor y las inevitables urbanizaciones con sus jardines artificiales. Visto de noche desde un satélite es como un gran resplandor, como el Gran Londres, o como la comarca de Vitoria vista de noche desde el Gorbea.

Creo que con estos ejemplos se ve que el progreso tiene un precio y que cuanto más queramos avanzar más caro será el precio. No hay más que ver las grandes obras en curso, la Supersur en Bilbao, el TAV. En los medios de difusión aparece un anuncio que dice: “Las infraestructuras son la esencia de la vida. Una sociedad moderna es un organismo en continua evolución y una red de infraestructuras avanzada es el motor del desarrollo”. Esto, tal como son los ideales de la sociedad egoísta y consumidora de hoy, es perfectamente lógico. Estas infraestructuras ya se procura hacerlas con el menor impacto ambiental posible, en parte bajo tierra. Pero no nos hagamos ilusiones, siempre habrá palo para la naturaleza.

Tenemos pérdidas de biodiversidad. Nuestros bosques en su mayoría son monocultivos de especies foráneas. La agricultura tradicional y la ganadería de montaña sufren las tensiones de unos mercados abiertos donde es muy difícil competir. Estamos perdiendo cosas preciosas: los bosques de frondosas; variedades de exquisitas frutas (manzanas, peras) que desaparecen; los simpáticos e inteligentes burros que apenas se ven; las vacas mochinas sustituidas por mansas; la heroica ganadería de alta montaña, como en los Picos de Europa que, aparte su valor pecuario, se debería conservar como bien cultural. A la par se pierden también los aperos de labranza y los molinos rurales cuyas piedras de moler se ponen de adorno en los jardines de los chalet o en los restaurantes de los pueblos.

Estamos perdiendo la contemplación del cielo, hay grave contaminación lumínica, como a la vez es grave el derroche de energía que esa iluminación representa. Voy con frecuencia al campo antes de amanecer y siempre me ha gustado echar un repaso a las Osas y a la Estrella Polar. Pero salvo cielo muy claro resulta difícil, hay un resplandor rojizo en el cielo reflejo de las luces de poblaciones vecinas. Las Osas se han metido en su cueva.

NOTA 6. CAMBIOS EN LA MANERA DE TRATAR A LA MONTAÑA

De forma retrospectiva se podría resumir en tres etapas:

  1. Sin ir más lejos que hasta mis abuelos entonces todo era sencillo. Layas, azadas y más tarde arados de vertedera en las huertas; hachas y sierras de mano (tronzaderas) en los bosques; carros de bueyes por caminos carretiles para el transporte. Los pastores, leñadores, carboneros, seteros, contrabandistas, cazadores y montañeros subían a pie al monte. Se convivía con la montaña, era respetada, hasta se la temía un poco, todavía al calor de la lumbre se contaban historias de lobos y los alimañeros venían por los caseríos con una piel de lobo pidiendo una recompensa.

  2. Como a mediados de siglo vinieron las excavadoras, los tractores, las motosierras y los camiones forestales, progreso auténtico que liberó a hombres y bueyes de penosos trabajos. Fueron las conocidas excavadoras Caterpillar y aquellos famosos camiones GMC (los de la ruta de Birmania y de la película “El puente sobre el río Kwai) que el ejército americano vendió a precio de saldo al final de la Segunda Guerra Mundial. Ni pistas necesitaban, bastaba anchar un poco los caminos carretiles. La relación entre el hombre y la montaña es ya de tú a tú. Todavía no se abusa pero ya no hay respeto, el hombre empieza a utilizar armas poderosas y temibles.

  3. En la parte final del siglo, en los últimos 40 años, dotado el hombre de Ciencia y Tecnología avanzadas, con uso de máquinas grandes y poderosas que a lo útil añaden una innecesaria agresividad, a través de una telaraña de carreteras y pistas en bastantes casos de dudosa necesidad, con criterios donde priman cómodas exigencias técnicas que dejan de lado los valores de la Naturaleza, bueno, con todas esas armas el hombre ha atacado y tiene dominada a la Montaña... Cuando ve que llegan esas terribles máquinas (excavadoras oruga, de cadenas, camiones especiales, cortadoras, peladoras y arrastradoras de troncos) la Montaña se pone a temblar, aterrorizada. ¡Cómo son esas máquinas, cada vez más pesadas, cada vez más poderosas! Son tales que, por ejemplo, no pueden pasar por carreteras que cruzan el ferrocarril por debajo, de manera que para llegar al lugar de la tarea tienen que rodear por otro pueblo. Este año, para variar, como con motivo de los vendavales hay más actividad forestal, lo que han hecho es rebajar veinte centímetros la mitad derecha de la carretera, en sentido longitudinal, en un tramo de 25 metros necesarios para pasar por debajo del ferrocarril. De tebeo.

¿Y cómo se hacen las cosas? ¿Cuáles son los métodos utilizados? ¿Qué es primero, la Tecnología a ultranza, o la Tecnología con respeto a la vida de los árboles y a la integridad de la Naturaleza? Está vigente una manera puramente técnica y despiadada de hacer las cosas. Si para hacer una pista hay que llevarse por delante una fuentecita se la lleva. Es una filosofía que se resume en la contestación del maquinista de un país americano al que criticaban por la tierra que removía y que según cuentan replicó, “si no haces polvo, comerás polvo”. Esta tecnología agresiva no debería ser necesaria, esta sociedad capaz de enviar vehículos al espacio, poseedora de helicópteros que pueden llevar un tanque y soldados, tiene medios para hacer mejor las cosas, medios sobrados, falta voluntad...

Son corrientes agresivos trabajos forestales con el suelo mojado y blando. Un campesino nunca los hubiera hecho. Si lo comentas con el forestalista te dice que no se puede parar porque hay que pagar la nómina a final de mes. Tiene razón, porque en este sistema económico de mercados globales, si pierdes jornadas de trabajo encareces el producto y luego no lo podrás vender porque vendrá madera más barata de Las Landas o del fin del mundo. Estamos atrapados.

NOTA 7. SERVICIOS O ACTUACIONES ORIENTADOS AL OCIO Y ENTRETENIMIENTO, SOPORTADOS POR LA MONTAÑA

Tenemos el grupo de infraestructuras ( postes e instalaciones de telecomunicación , muchas carreteras de dudosa necesidad, estaciones de esquí, urbanizaciones, teleféricos, hostelería y entretenimiento de montaña, etc.) y las variadas actuaciones personales: bicis, motos, quads, paseos en lujosos todo terreno, minimotos para los peques (han buscado sus toboganes de entrenamiento , allá les llevan los papis en la furgoneta y ellos, con sus flamantes cascos, dale al acelerador, raaa y raaa, preparándose para de mayores hacer más raaa y raaa); excursiones a caballo; amén de “seteros”, “escopeteros” y “cangrejeros” de los que arrasan; masas excursionistas, no se respetan los cierres de las fincas; perros sin control que molestan al ganado; vándalos que destrozan y ensucian; los del botellón, si no arriba, también se asoman al monte, si madrugas los puedes encontrar, “animados” y dicharacheros, bromistas, se ofrecen para acompañarte, a la vuelta encuentras los restos de la fiesta. Muchos excursionistas suben hasta la alta montaña, como la pareja urbanita con zapatillas playeras que, haciendo monadas para la foto, ella resbala y se cae en la nieve cerca del precipicio y no se puede levantar, él resbala y no la puede ayudar, hasta que un providencial grupo de montañeros les saca del apuro. Todo es multitudinario. Vamos a comentar algunas de sus particularidades:

La presión de las multinacionales. Ya hemos visto que su producción es ilimitada y que imperiosamente tienen que vender. Para ello han establecido una intrincada red de concesionarios y unas agresivas publicidad y política de ventas, con toda clase de facilidades. Sea o no necesario el producto (bicis, motos, quads, coches, escopetas, ropas y calzado, material para la nieve y alta montaña, GPS) el resultado es que la gente compra. ¿Y qué haces ahora, guardas las cosas y te quedas en casa?, pues no, en formación todos a la montaña, convertida a veces en desfile de modelos. A disfrutar a tope, que no hay vigilancia, como explico en el caso siguiente.

Los quads son vehículos aparecidos hace pocos años que han tenido mucho éxito y que son un serio problema añadido en el castigo a la montaña. Por un lado proliferan porque se dan muchas facilidades para su compra, se hace mucha publicidad y en pueblos de Vizcaya y Cantabria se organizan excursiones por los montes. Hoy, todo el mundo, excursionistas, motoristas y corredores dicen que les gustan la naturaleza, los espacios abiertos y la montaña. En el caso de los quads el Presidente de la Federación de Motociclismo dice que “los montañeros y los quads tienen el mismo derecho a disfrutar del monte, y que el que sale con un vehículo al monte busca tener contacto con el entorno”. ¿Es creíble eso en unos conductores que van raudos debajo de sus cascos, gozando en los toboganes, levantando una nube de polvo en medio de un ruido atronador? Luego, de hecho, no se limitan a las pistas, van campo a través. Por ejemplo, una mañana un grupo de nueve quads estaba haciendo series de sprintes en los pastos y brezales próximos a Unguino, en la Sierra Gorobel, en zona que creo es alavesa a pesar de estar rodeada por terrenos de Burgos. Cuando se cansaron se fueron, también por pastos y brezales, hacia el Puerto de Angulo. Bastante más tarde, en la pista hacia Ponata, cruzamos un todo terreno oficial de la Diputación F. de Álava que, tranquilo, venía de Este. ¿Iba en misión de vigilancia? Desde luego de los quads no iba a encontrar ni el olor. Curiosas paradojas de la vida estas deficiencias en la vigilancia, precisamente en esta Sierra donde no puedes coger una seta o meter una vaca a pastar sin previamente pagar un canon que han establecido para los no empadronados en el Valle de Losa, porque aunque se trata de montes públicos aquí no rige lo de “el monte es de todos”, como creen algunos, y como toca a los bolsillos de los vecinos la vigilancia es efectiva. Los que predican que el monte es de todos deberían saber que algunos todos son más todos que otros todos.

Las agencias de turismo. El efecto de la publicidad. Primero crean la necesidad, operan sobre una masa de ciudadanos fácilmente manipulables y han inventado eslóganes publicitarios con verdadero gancho, de manera que si no compras, no te realizas personalmente ni eres feliz. Luego venden viajes maravillosos y, del mismo modo que mandan turistas a los más remotos destinos, a veces sin saber a donde van, los mandan también a la montaña. Unido eso a una desaforada pasión por viajar puedes, no importa tu edad, subir al Everest. Incluso viajar después de muerto, puedes encargar que tus cenizas se lleven al espacio.

La hostelería de montaña. Incita con variados señuelos: bellos parajes y deliciosa estancia, trekking, bicis, quads, paseos a caballo o en barca, barrancos, cuevas.

Eso maravilloso de las montañas nevadas, ese elegante manto blanco de la naturaleza, encanto de los aficionados, delicado también, ¿sabéis que en 50 años puede desaparecer, que los glaciares se derriten? Es tan bonito que habría que hacer un esfuerzo para conservar sus valores naturales. Pero cuidado, es una presa apetecible para considerables intereses económicos e inmobiliarios que acechan. Las más conocidas estaciones se están convirtiendo en complejos de centenares de kilómetros de pistas y remontes, hoteles, restaurantes, urbanizaciones, con costosas servidumbres de carreteras y aparcamientos. Suben muy arriba, tratan de enlazar unas con otras, más que montañas nevadas son unas inmensas manchas blanquecinas de muchos kilómetros cuadrados que tapan las montañas. Los esquiadores suben muy arriba con máquinas ratrac, o hasta 3.000 metros en heliesquí al Garmo Negro y Picos del Infierno, en Panticosa. Por cierto, ¿se puede saber dónde quedan los sarrios y las marmotas?

NOTA 8. LA COMODIDAD EN LA MONTAÑA

A causa de la proliferación de carreteras tenemos la invasión de vehículos a motor. En una zona que no es paso ni comunicación entre aldeas había una pista que han convertido en carretera apta para turismos. Eso ha sido una llamada a seteros y excursionistas que suben coches de turismo. Bastante teníamos con los quads, motos y todo terreno.

El pasear en coche por el monte. Se podría pensar que los paseos se hacen por los parques o calles de los pueblos. Pues no, un par de amigos, en lujoso todo terreno y cómodamente sentados, con aire acondicionado y buena música, pueden darse un paseo por el monte y bajar para la hora del aperitivo cuando la mujer y los niños ya están arreglados.

Los teleféricos. En su día hicieron el de Bulnes, supuestamente para los vecinos. Ahora sirve para todos pero no tiene sentido montañero, allí poco más puedes hacer que comer y tomar unos vinos en la tasca. Al parecer se pretendió continuarlo hasta el pie del Naranjo de Bulnes. El verdadero montañero no lo necesita y el hacer esa obra por interés, para atraer masas excursionistas, es una barbaridad, un insulto que no se merecen los Picos.

Como anécdota se puede añadir que para uso en ciertos gimnasios hay máquinas para hacer gimnasia pasiva, es decir, sin esfuerzo.

NOTA 9. LA MARCHA AL PAGASARRI

Tiene como característica la subida de un tropel de participantes invitados, atraídos por la publicidad y el señuelo de la presencia de “famosos”, que llega cuando se organiza una marcha de diez mil personas a una montaña cercana. Son veinte mil botas y diez mil bastones machacando una pequeña campa. Han necesitado camiones para subir las carpas, las bombonas de gas, los calderos para el caldo y los aprovisionamientos (miles de bocatas y miles de botellas de vino y agua, ¡que bueno subir agua embotellada a un monte donde hay fuentes!). Más tarde volverán los camiones para bajar los restos. Muchos son montañeros de “una vez al año”, no huelen a montaña, quizá sí un poco a romería, pero tampoco, para eso faltan espontaneidad y mochila, más bien se respira un tufo como mercantil y publicitario. En ese montaje cuesta encontrar una rendija donde meter las palabras deportividad y amor a la montaña.

NOTA 10. LA FRAGILIDAD DE LA NATURALEZA

Ya en nota 1 se explican varios problemas: una marcha por el Jaizkibel, una tala de pinos, los efectos del uso de maquinaria pesada y el caso de la montaña castigada por bicis y motos. El monte es delicado, no se cuida como es debido y la erosión es una realidad evidente.

En la agricultura, los antiguos tenían mucho cuidado con los suelos, un campesino nunca hacía labores con la tierra empapada. En la milenaria y tradicional agricultura china ni siquiera se puede pisar la tierra labrada, diseñan las parcelas de manera que se puedan trabajar desde el exterior, desde los pasillos circundantes, el campesino no anda por encima de ellas. Algo así se hace también en la agricultura ecológica.


Editore erabiltzailea: admin |  Eguneratua: (2010/10/01 - 15:37) |  Permalink |  Erantzun mezu honi
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