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Publicamos la nueva carta de Vidal Olabarria y animamos a todos aquellos que quieran participar respondan a la misma o nos envien nuevos textos (en contra o a favor) en complemento a los ya publicados.


Desde la última vuelta del camino…

Queridos amigos y amigas, compañeros todos:

Voy a contactar otra vez con vosotros porque, como pasa en otras cosas, los deportes de montaña andan revueltos. Os aviso que van muchas páginas, así los no interesados pueden practicar la higiénica costumbre de mandarlas a la papelera.

Pues bien, lo importante es que la vida sigue, el reloj de la historia no para, nosotros andamos enredados. Fue en el verano de 2009 cuando expliqué la situación de las carreras y marchas. Hoy, verano de 2010, las cosas siguen igual. Entretanto surgen novedades, me entero de discusiones por el reparto de las subvenciones, posteriormente Pyrenaica, nº 237, publica “Las carreras de montaña a debate”, serio trabajo de Luis Alejos de donde derivan, íntimamente entrelazadas, cuestiones como la misión de la EMF, el encaje de la competición y los asuntos financieros. Se prometió abrir un debate pero no se ha hecho. Por mi parte continuo con los temas que siempre me han interesado.

El medio ambiente. La defensa de la montaña

Es el problema más grave que tenemos y en mi tiempo disponible intentaré revisar un poco la situación y comentarla con vosotros. Es muy grave hoy pero, además, es que trasciende al futuro. Nosotros, mal que bien, podemos vivir pisando el chapapote, pero nuestros hijos y nietos para vivir, si pueden, tendrán que estirar el cuello y levantar la cabeza, tal será el nivel de basura que les vamos a dejar. No basta con besitos cariñosos, hay que dejarles una herencia decente, no de dinero precisamente. A este propósito, a modo de adelanto, os mando una historia medio fantástica donde se cuentan desgracias de nuestras pobres montañas. (Anexo nº 1)

Las carreras y marchas de montaña

A la vista de los problemas que van apareciendo he actualizado y os envío la parte histórica de mis comentarios del verano pasado. La situación no ha cambiado y siguen los problemas que explico ahí y los restantes –lesiones, aprovisionamientos, mayores- que no comento en esta ocasión.

Lo fundamental es la filosofía de las marchas, que deberían ser para disfrutar como lo fueron en los buenos tiempos. El recuperar esto es fácil si hay voluntad, basta una declaración expresa de la EMF en ese sentido, indicando que las marchas son incompatibles con la competición y creando un clima amable para recuperar a los mayores hoy huidos o ausentes. Casi nada habría que cambiar de las marchas, serían los mismos kilómetros e itinerarios marcados por los Clubes, solo queda estudiar los tiempos mínimos y máximos adecuados.

Aparte de estos temas en los que realmente estoy interesado voy a comentar por encima los otros.

La misión de la EMF (Federación Vasca de Montaña)

Ya no es la casa de los montañeros que en 1924 fundó Antxon Bandrés. Lo que hoy tenemos es una especie de Federación de Federaciones que alberga intereses encontrados. De forma coloquial diríamos que la familia ha crecido, los hijos se han casado y fundado nuevas familias (se han hecho especialistas), pero no se han ido de la vieja casona familiar donde siguen disfrutando del cocido materno. Hasta se han hecho los amos quedando los tradicionales en posición subalterna. Hay que considerar varias cosas:

  • el montañismo tradicional y la competición son actividades esencialmente distintas. El convivir será siempre complicado y difícil. En caso de necesidad la convivencia se tendría que hacer con criterios de reparto consensuados y con cuentas claras.

  • el gestionar variadas actividades, el ser como una Federación de Federaciones puede llevar a una organización pesada y cara. No se olvide que las organizaciones son como los seres vivos, crecen, engordan y pueden hacerse pesadas y difíciles de gobernar.

Son cuestiones importantes que hay que poner encima de la mesa.

Lo curioso es que la EMF, en New Delhi y Teherán, ya ha tratado algo paralelo a lo que estamos comentando (lástima que no se nos informe suficientemente), allá se ha hablado de estructuras organizativas ligeras y pesadas, y de insuficiente atención al alpinismo tradicional, lo que ha traído que alemanes y austriacos se hayan dado de baja en la UIAA. Todo ello retrato fiel de lo que se debe tratar aquí.

Las cuentas de la EMF

A pesar de las variadas actividades llevan una contabilidad sencilla y operan con caja única, de manera que resulta difícil conocer cuáles actividades resultan beneficiadas y cuáles perjudicadas. Estoy en contacto con el Tesorero esperando información para conocer mejor la realidad. Sin embargo, de forma provisional y un poco tosca hasta conocer cifras más exactas, hago un par de comentarios, sin más trascendencia:

  • los “Gastos de funcionamiento de la EMF” son relativamente importantes y los ingresos por cuotas federativas están lejos de cubrirlos. En 2009 se ha buscado el equilibrio en parte con ingresos atípicos.

  • se observa que somos los montañeros los que sostenemos económicamente a la EMF. Esto nos dice que los montañeros tradicionales, mayoritarios, estamos pagando lo que no pagan los competitivos a los que, sin embargo, mima la EMF. La cosa tiene su importancia, conviene tenerlo en cuenta.

Mirad, voy a poner un pequeño ejemplo de la vida, mínimo, pero que explica las cosas. Unos chicos o chicas van a otra ciudad a estudiar, alquilan un piso y establecen una pequeña república. Solo hay un frigorífico y una regla fundamental que dice, “quien come yogures, compra yogures”. Surge algún problemilla, a lo mejor el padre de uno ha tenido dificultades para mandar la paga y la cosa se tiene que aclarar. Se aclara y no pasa nada, porque en estas situaciones lo importante no es el yogur, lo que escuece es no saber lo que está pasando.

Conclusión

Parece claro que hay que resucitar el debate prometido, ponerlo sobre la mesa y pensar. El pensar tiene que presidir la mesa, evitar el riesgo de tantas reuniones donde se habla mucho, se piensa poco y se decide nada.

Deben quedar claras las funciones de la EMF y si vamos a seguir todos juntos en la casona o algunos, mayores de edad, van a ir a la suya propia. Pensar en el coste organizativo y económico que tiene una organización compleja. Acostumbrarse a cuentas claras. Y devolver a las marchas su espíritu original, no competitivo, marchas que tienen que ser para disfrutar.

Siento mandar tantas páginas pero creo que hacen falta explicaciones. Un abrazo.

Vidal Olabarría
Montañero


LAS CARRERAS Y MARCHAS DE MONTAÑA

Un poco de historia de las carreras y marchas de montaña

El andar por la montaña tuvo un amanecer claro, muy bonito, pero ahora tenemos nubes, hay confusión como pasa en otros órdenes de la vida de esta sociedad. Pasa el tiempo y no nos aclaramos, voy a actualizar su pequeña historia.

Antecedentes

El panorama de hace un siglo, a grandes brochazos, era bastante negro: se habían perdido Cuba y Filipinas, el país arruinado y postrado, monarquía en horas bajas, guerras carlistas, fanatismo, ignorancia y pobreza rampantes, por si fuera poco pronto llegaron las terribles Guerra Civil y las dos Guerras Mundiales. Bastante había con sobrevivir. En aquellos momentos en que salvo los interesados en su explotación (pastores, carboneros, leñadores, cazadores) nadie subía a la montaña, mérito tuvieron aquellos burgueses de la ciudad que desarrollaron algo lúdico y recreativo como el deporte de montaña. Desde el último tercio del siglo XIX se perfilan y organizan algunas largas caminatas, hay variadas marchas y travesías que no detallo por falta de espacio. Incluso, como cabe esperar, el afán de aventura, los retos y desafíos llevan a cosas extrañas, por ejemplo, la subida al Gorbea en 1924 en un Citroën de la época. En Pirineos y Picos de Europa andan montañeros diversos, unos por oficio (geógrafos, militares, mineros), otros por afán de aventura (aristócratas, incluso atrevidas señoras con sus largas faldas arremangadas, a las que entonces calificaban de excéntricas). Más en serio en la primera mitad del siglo XX se hacen “primeras” ascensiones a montañas hasta entonces consideradas difíciles o imposibles. A todo esto las gentes del campo miraban a estos montañeros con asombro y curiosidad.

Estos pioneros hacían de todo y fueron la semilla que maduró en la segunda mitad del siglo aprovechando la bonanza de la sociedad que salía de guerras y calamidades. Había tensión, ganas de vivir y la juventud con su maravilloso ardor y fuerza empujaba. Y tiene lugar una como explosión de donde salen los del “más difícil todavía”, los modernos especialistas en alta montaña, grandes paredes, barrancos, esquí extremo, espeleología, parapente, escalada deportiva y, bastante más tarde, las carreras de montaña. Cada uno por su lado.

Los que quedamos de esa desbandada somos los alpinistas tradicionales o viejos montañeros de a pie. Hay distintas maneras de actuar: unos individualistas que hacen proezas extraordinarias (Sheve Peña, Asier Irazabal); la generalidad de los Clubes locales con sus simpáticas excursiones; el Club Fortuna, de Donostia y los Amigos de Aralar, de Tolosa que continúan con sus tradicionales marchas. Pero no era bastante, fue brotando como un deseo de superación, de dar un toque más deportivo y exigente a las excursiones de las tradicionales cuadrillas de mochila con comida, tranquilidad y bota de vino. Intérprete de este sentir fue la Sociedad Excursionista Manuel Iradier, de Vitoria, que en 1987 tuvo la genialidad de organizar la Hiru Haundiak (los Tres Grandes), marcha seria, prestigiosa, inigualada en España. Un par de años después los catalanes organizaron la Santuario de Nuria-Santuario de Queralt. Esto fue un firme y meritorio paso hacia adelante porque todavía entonces apenas había deporte organizado. Fijaos, por ejemplo, en el caso del atletismo, la primera maratón de San Sebastián se hizo en 1977 y la de Bilbao en 1980.

De esa Hiru Haundiak Antxon Iturriza en su Historia del montañismo vasco cuenta con lucidez lo que pasó, dice que “la iniciativa fue acogida como un reto, no a la capacidad de resistencia, sino incluso a la propia sensatez”. Efectivamente causó impacto pero fue algo natural, abundantes sesentones hicimos ilusionados las primeras marchas, pero llegó la competitividad. La Hiru Haundiak hoy es algo muy grande y prestigiado, admirable, pero no es marcha.

La historia vista arriba, en el monte

Estamos en 1987 y, como ya se ha comentado, la S. E. Manuel Iradier organiza la MARCHA de fondo “Los Tres Grandes” donde expresamente señalaron que “es preciso lograr un verdadero y perfecto clima NO COMPETITIVO” (las mayúsculas las pone Iradier) Añaden que “no se sellará ninguna tarjeta de marchador que no pase por los puestos de control dentro de los horarios MINIMOS”. Pero desde el primer momento hubo presión de los corredores en los puestos de control. En 1992, ante la presión, rebajan en media hora los tiempos mínimos pero esto carece ya de significación porque en pocos años se fue relajando el control y “de hecho” se convirtió en carrera o cuasicarrera. En 2000 Iradier cede a la presión e indica “nos hemos atrevido a aceptar el reto que muchos participantes estabais lanzando. A lo largo de los años se han ido reduciendo los tiempos mínimos y sin embargo a algunos les quedaban cortos, por lo tanto se ha establecido la modalidad VOLUNTARIA Y EXPRESA DE CARRERA”

En 2001 se organizan las Marchas de Largo Recorrido. Los montañeros tenemos algo nuestro, parece que nos dejan un pequeño territorio, preciosas marchas para disfrutar. Pero nuestro gozo en un pozo, se infiltran los corredores. El espíritu de las marchas queda viciado. El común de los marchadores va a tope, conocidas cuadrillas se han fracturado y cada cual va como puede. Da pena ver a personas maduras corriendo o medio corriendo, en competición desigual y antinatura con la juventud, absurdo. Las marchas ya no son para disfrutar. (Sobre el disfrutar escribí unos comentarios a la vista de una confusa pregunta que alguien hacía en Pyrenaica, comentarios que mandé a la citada Revista hace unos meses y que se han debido perder. Van con la presente, un poco retocados porque ahora no tengo limitaciones de espacio) Ver anexo nº 2.

La entrada de los corredores es como una guerra de conquista, ya en 1987 llegan las avanzadillas y empiezan a hostigar en los puestos de control que no les quieren sellar las tarjetas. En 1992 conquistan la primera posición y siguen su avance imparable hasta que en 2000 Iradier rinde la fortaleza. En 2001 las Marchas de Largo Recorrido son ya territorio ocupado y los corredores se asientan como clase dominante, con un futuro prometedor porque van a estar amparados por la Ley del Deporte y los Estatutos de la EMF. Los marchadores quedamos sometidos pero nos necesitan, ellos son la caballería y necesitan de los de a pie, de la infantería, necesitan incluso de la calderilla de nuestras cuotas.

¿Y cómo se justifica todo esto? En la montaña circula una serie de tópicos que sirven para todo, como “la botica que todo lo cura menos gálico y locura” y que cada cual utiliza a su manera para justificar sus pequeños egoísmos. Parece que viven en el más feliz de los mundos. Entre ellos tenemos: “en el monte cabemos todos”, “el monte es de todos y tenemos derecho a…..”, “si me gusta por qué no lo voy a hacer”, “también en las carreras se disfruta”, la “evolución”, “los vascos hemos sido siempre muy competitivos” y varios más. Se utilizan todos, pero más el de los vascos, se puede leer hasta en letras de molde. También podríamos decir, “los potrillos que corren por las campas, los turcomanos, los escoceses, los hotentotes y los vascos hemos sido siempre muy competitivos”.

Bien, claro que tienen razón, los vascos somos muy competitivos. ¿Qué es lo que en mi niñez hacíamos lo chavales? Como no teníamos otra cosa, cada domingo hacíamos algún “kilómetro vertical” por los montes de allí, ¡a que te gano, a que no, a que sí, ezetz, baietz! Había competición hasta para “a ver quién mea más lejos”. Historia que se repite hoy cuando en el bar uno comenta la próxima marcha y dice que Fulano el año pasado tardó siete horas. Salta un amigo y dice, “mecaguen D…., a que rebajo 45 minutos. ¿Apostamos las cervezas?”Ya está en marcha la fiesta.

Pero en el pueblo también había personas sensatas, los padres, los abuelos, que nos decían que hay que hacer las cosas con gracia y fundamento, no andar por ahí como gamberros o ganorabakos. Luego he visto que eso mismo nos dijeron los viejos griegos hace 3.000 años, allí se imponían reglas y estilo. Más tarde, por el siglo XVIII, los británicos traen un resurgir del deporte, reglamentado, con ética y estética como dicen algunos, o con deportividad, que viene a ser lo mismo. Y si nos situamos en la actualidad son nada menos que los grandes, Messner, Bonatti, Humar, Iñurrategi, Zerain, o nuestros históricos Landa y Udaondo, los que nos dicen que lo importante es el “cómo” se hacen las cosas. Filosofía que, salvando las distancias, se puede trasladar a nuestras marchas, que tienen carencias de deportividad.

También recibí una lección muy bonita cuando con 12 años en una caminata que entre ida y vuelta fueron casi 24 horas, mi padre me llevó al Gorbea. Llegamos al amanecer y ya estaban allí, sentados, unos que subían a menudo para ver salir el Sol, como un brillante y encendido tomate rojo, asomando por Oriente. A partir de ahí solo falta dar un paso para creer que el Sol se para un momento en Anboto para saludar a la Dama que vive allí. Así se aprende lo que es andar por la montaña, asignatura pendiente para más de uno.

Los corredores también hablan de evolución y dicen que son criticados por envidiosos que no pueden correr. Y uno se pregunta que dónde está la evolución, si vemos que son los mismos de hace 20 años, las mismas zapatillas, las mismas camisetas, las mismas ansias y prisas, la misma invisible cantimplora. Lo único que ha cambiado, para mal, es la sociedad, el marco de referencia.

Encuentro curioso, aunque es una impresión que no puedo cuantificar, que las chicas, que corren muy bien en las carreras, no se vean corriendo en las marchas. ¿Implica ello un mayor grado de sensatez? No me diréis que si se lo proponen no son capaces de hacerlo.

Bueno, esto es lo que ha pasado hasta hoy en que corredores (digamos que normalitos porque los buenos no los creo habituales de las marchas), “marchadores que corren” y montañeros vamos mezclados formando una extraña amalgama, desamparados, sin poder disfrutar de unas pruebas que no se sabe lo que son ni si tienen un nombre para denominarlas, porque marchas de montaña no son.

La historia vista abajo, en los despachos

No es propiamente historia sino el señalamiento de unos determinados hitos que importan al nacimiento y curso de las carreras y marchas de montaña.

Ya vimos que en el primer tercio del siglo XX hubo ya variadas actividades deportivas, marchas y ascensiones en el caso de la montaña. El deporte se predica como fuente de salud física y espiritual. Destacan las actividades del ilustre, inquieto y polifacético Antxon Bandrés Azcue, primer Presidente y Fundador de la Federación Vasco Navarra de Alpinismo. En 1926 se funda Pyrenaica.

Vienen luego las Guerras Civil y Mundial, la penosa posguerra, el posterior despertar de sociedad y deporte, la tendencia espontánea hacia la especialización, hasta llegar a un febril “más difícil todavía”. Ya desde la década de los 80 las cosas se complican.

Los hechos más importantes a partir de esas fechas, en paralelo con lo que ocurre en el monte, son los siguientes:

Año 1991. En Pyrenaica, nº 162, se indica que se están revisando los Estatutos de la EMF para adaptarlos a legislación nueva orientada hacia la competición deportiva. Se está preparando el terreno a la nueva Ley del Deporte que vendrá más tarde.

Año 1998. Ley 14/98 del Deporte, desarrollada por Decreto 16 de 2006.

Año 2001. Asamblea de la EMF en Elgeta. Pyrenaica nº 205.

Vamos a ver esto separando por un lado las normas y por otro su aplicación en la realidad. (Comentario muy simplificado, puedo facilitarlo un poco más amplio)

La Ley y los Estatutos encomiendan a la EMF la promoción y organización del deporte de montaña, incluso organizar competiciones oficiales.

En cuanto a la práctica tenemos en primer lugar la Asamblea de Elgeta, donde se presenta la competición como una forma novedosa de ver el deporte y, sobre todo, el editorial de Pyrenaica, nº 205, donde se hace una apuesta decidida, sin reparos, a favor de la competición. Se dice que la competición no es de ahora, que siempre ha existido. Se explica que las actividades punteras se están convirtiendo en deportes de competición, entrando en un mundo diferente, regido por las reglas del espectáculo, del patrocinio, de la competición. Añaden que la práctica del montañismo no va a cambiar por eso. Como una especie de aval se aporta la opinión de tres practicantes del esquí de dificultad que dicen, “la competición nos ayudará a competir con nosotros mismos, nos hará mejorar nuestro nivel para disfrutar más, para dar forma a la vida……es otra página que abrimos”. En resumen, la competición se presenta como un ideal. Pero quedan problemas.

Se ha puesto énfasis en la competición y así se opera también en la práctica. Pero se está abusando del término porque se olvida que los valores de la competición solo son válidos dentro de la competición, la agonística de los griegos. Dejan fuera otras muchas cosas más que hay en la montaña.

El mundo del dinero (espectáculo, patrocinio) va quitar brillo al deporte. Más dinero igual a menos deportividad. Ya se ve a qué extremos se está llegando.

Se habla mucho de promocionar el deporte. No se si faltan ajedrecistas, futbolistas o boxeadores, pero la montaña, ya antes de la promulgación de las normas que estamos comentando, estaba a tope de deportistas que son como una marea humana que entra al asalto por tierra, mar o aire. La pobre montaña dice que ya está bien de que ella tenga que pagar el precio del progreso orientado a necesidades vitales (redes de transporte de energía, postes de telecomunicación con sus servidumbres de carreteras o pistas de servicio, aerogeneradores, agresivas y pesadas excavadoras y máquinas forestales, infraestructuras con su acompañamiento de canteras, cementeras, escombreras, vertederos, etc.); otro progreso orientado al ocio (postes de TV o radio, carreteras, estaciones de esquí, urbanizaciones, teleféricos, hostelería y entretenimiento de montaña, etc.); a continuación nosotros con bicis, motos, quads, paseos en lujosos todo terreno, excursiones a caballo; amén de “seteros”, “escopeteros” y “cangrejeros” de los que arrasan; hordas excursionistas, perros sin control que molestan al ganado, vándalos que destrozan y ensucian. Suben hasta la alta montaña, como la pareja urbanita con zapatillas playeras que haciendo monadas para la foto ella resbala y se cae en la nieve cerca del precipicio y no se puede levantar, él resbala y no la puede ayudar, hasta que un providencial grupo de montañeros les saca del apuro. La verdad es que estamos más para restringir que para promocionar.

Un principio rector de la Ley del Deporte establece “la promoción del aprovechamiento adecuado del medio natural para la actividad deportiva haciéndolo compatible con la protección del medio ambiente”. Eso es muy bonito y está bien decirlo, pero hay que tener la fe del carbonero para creer que se va a cumplir. Basta abrir los ojos. Quizá funcione en alguna angelical república celestial de ciudadanos responsables y educados, pero acá estamos poco concienciados. Son la excepción unos cuantos Clubes y montañeros que a nivel particular o personal se manifiestan y trabajan por el medio ambiente.

Octubre 2004. Asamblea de la UIAA (Unión Internacional de Asociaciones de Montaña), en New Delhi. Se evidencian discrepancias entre dos grandes grupos de miembros, el que actualmente lidera la UIAA, que apuesta por las competiciones, el olimpismo y la búsqueda de esponsorización, y otro, opositor, que propugna que la UIAA esté centrada en el establecimiento de criterios de práctica del alpinismo, requiriendo con ello de una estructura mínima.

Febrero 2007. Se presentan los nuevos Estatutos de la EMF, inspirados en la Ley del Deporte en el País Vasco.

Octubre 2008. Asamblea de la UIAA en Teherán. Las Federaciones austriacas y la alemana (potencias montañeras cuyo peso es casi la mitad de la UIAA) se separan alegando que ésta “se está concentrando en la escalada y el esquí de competición, y olvidando las áreas de promoción y apoyo al alpinismo tradicional”. (Sobre esto escribí en mis comentarios de 2009)

Creo que de New Delhi y Teherán nos han llegado muy buenas lecciones que se deberían estudiar, los que en New Delhi preconizaban para la UIAA funciones más genuinas “requiriendo con ello una estructura mínima” estaban diciendo algo muy interesante. Siento que la EMF no nos haya pasado más amplia información de lo discutido en las reuniones.

Año 2009. Se publica en Pyrenaica, nº 237, el tema “Las carreras de montaña a debate”, de Luis Alejos. Planteo serio sobre el encaje federativo de los deportes de competición y cuestiones derivadas.

Bien, acabamos este capítulo. Todo lo anterior no es algo que surge de la nada, montado en el vacío, no, hunde sus raíces en nuestra sociedad actual. Lo vamos a ver a continuación.

El marco de referencia

Es la sociedad, el sistema económico y social neoliberal que se instaura después de la Segunda Guerra Mundial. En él todo es competición, entre naciones, entre empresas, entre personas, incansable carrera detrás del más y más. De ahí viene esa presión competitiva que lo impregna todo, que llega al deporte, a la montaña, a los últimos rincones. (Basta por ahora porque esto es muy largo)

Pero vamos a comentar (como en caricatura para quitarle dramatismo) lo que va a ser la gran proeza de nuestra sociedad, su record, conseguir que en poco más de cien años se agoten recursos cuya creación ha costado a la naturaleza miles o millones de años: el petróleo; los peces de las más lejanas pesquerías; las maderas preciosas de los bosques tropicales; la agricultura natural; el aire limpio para respirar; el agua blanca, casta y pura para beber; la noche y las estrellas, todo menos la basura. Gran deportista la sociedad, campeona.

En esa sociedad ha crecido mucho el bienestar material y menos la cultura y la educación. Hay minorías pensantes pero lo que empuja es una masa social contenta con su bienestar material cuya presión arrolladora llega a la montaña. Hay que añadir que también los deportistas somos un sumando más en la presión. Es que está todo muy fácil, los que no piensan, o tienen intereses en ello, dicen alegremente “en el monte cabemos todos”. Los que deberían pensar (Autoridades) dicen “promover, promover”, y con todo eso las puertas de la montaña están abiertas a todos y a todo, de par en par.

Esta situación y esta presión explican las dificultades que tienen las Autoridades para defender la montaña y conseguir que el deporte y las gentes discurran en armonía con ella. Pero entender las cosas no es estar de acuerdo con ellas. Las Autoridades y Organismos federativos, llevados por personas con buena formación, tienen que pararse a pensar y en muchas ocasiones echar el freno y no pisar el acelerador como se hace ahora. Particularmente no tengo buena impresión de la normativa vigente, da la impresión de estar hecha por personas que al no andar mucho por el monte no pueden ver lo que allí pasa.

ANEXO Nº 1

EL CAPITAN, EL TEIDE Y LAS LINDAS MONTAÑAS DE NUESTRA TIERRA

Son los personajes de esta historia. El Parque Nacional de Yosemite, en California, donde manda El Capitán, hermosa montaña que tanto aprecian nuestros grandes escaladores, y el Teide (1), también precioso, en Tenerife, son las dos hermanas mimadas de nuestra historia. Nuestras pequeñas pero lindas montañas vascas son la Cenicienta, y nuestra Sociedad es la madrastra. Parece que está completa la historia, podríamos poner punto y final. Pero no, vistos el cuidado y mimos a las montañas en Yosemite y Teide, cuidados de madre amorosa, con cupos de entrada de personas y rigurosas vigilancia y regulaciones, hay que explicar un poco y poner en evidencia las fechorías que aquí hace la madrastra.

Cenicienta se acuerda de lo feliz que era cuando vivía su madre. Efectivamente en tiempos no lejanos la montaña era respetada, poco antes incluso venerada. Tierra generosa, regalo de alimentos y tantos otros bienes. Los interesados en su explotación (pastores, cazadores, leñadores y algunos pocos más) eran de la especie “Homo sapiens de culo flaco”, subían a pie a la montaña y convivían en armonía con ella. Pero ahora manda la madrastra, conviene escuchar lo que dice:

  1. “Cenicienta, tenemos invitados y tienes que servirles”. Efectivamente, en lugar de restricciones como en Yosemite y Teide, aquí puede subir cualquiera y, de hecho, hacer lo que le da la gana. La montaña está de moda, se llena de invitados a los que por interés se incita con señuelos variados, no todos son educados, ya vendrá Cenicienta a arreglar los rotos y llevar la basura.

  2. “Cenicienta, tienes que atender los carruajes y caballos que llegan”.Claro, gracias a la infinidad de carreteras y permisivas leyes aquí pueden subir toda clase de gentes y toda clase de vehículos, coches elegantes incluso. No suben a cuidar de la montaña.

  3. “Cenicienta, quiero que mis invitados se sientan a gusto y contentos”. Naturalmente, como no hay atención ni vigilancia, ni siquiera las elementales limitaciones de esas permisivas leyes se cumplen, puedes ver una tropa de quads haciendo carreras por los pastos y brezales de la Sierra. Claro que están a gusto, disfrutando como enanos.

  4. “Cenicienta, no protestes si te pisan los rosales, arréglalos”. Los trabajos en la montaña (obras públicas, forestales, con poderosa y pesada maquinaria) se hacen con agresividad, descuido e indiferencia. Ya no es solo el qué se hace, sino el cómo. Se cuenta que uno de estos maquinistas, en tierras americanas, ante las críticas, contestaba “si no haces polvo, comerás polvo”. Aquí, en una situación semejante, el forestalista te dice “es que hay que pagar la nómina a final de mes”. La eterna respuesta de esta sociedad competitiva, por eso es la madrastra. Ahora están subiendo unos hierros muy grandes, son para cazar los kilowatios que vienen volando para que podamos estar con el culo calentito. Pobre Naturaleza, pobres montañas, pobre Cenicienta.

  5. “Cenicienta, tenemos invitados, tienes que cocer el pan y asar el carnero”. Con toda clase de señuelos, facilidades y una intensa motorización se atraen a la montaña hordas excursionistas, muchas son de la especie “Homo sapiens de culo gordo” que no saben lo que es una montaña, ni les importa, van a comer el bocata y hacerse la foto.

  6. Cenicienta está triste, sola, no existe para nuestra indiferente Sociedad. En relación con nuestras montañas las Instituciones están de espaldas a ellas. Cierto que esas Instituciones tienen muchos problemas abajo, en la calle, pero no hay que olvidar lo que pasa arriba, debería haber un hueco para dedicar a la montaña unos minutos cada día.

  7. “Cenicienta, al baile del sábado vendrán el Príncipe y otros importantes personajes. Tienes que encender la chimenea, recoger los abrigos y prepararles la cena”. Es el caso de ese tropel de invitados que llega cuando se organiza una marcha de diez mil personas a una montaña cercana. Son veinte mil botas y diez mil bastones machacando una pequeña campa. Han necesitado camiones para subir las carpas, las bombonas de gas, los calderos para el caldo y los aprovisionamientos (miles de bocatas y miles de botellas de vino y agua, ¡que bueno subir agua embotellada a un monte donde hay fuentes!). Más tarde volverán los camiones para bajar los restos. Muchos son montañeros de “una vez al año”, no huelen a montaña, quizá sí un poco a romería, pero tampoco, para eso faltan espontaneidad y mochila, más bien se respira un tufo como mercantil y publicitario. En ese montaje cuesta encontrar una rendija donde meter las palabras deportividad y amor a la montaña.

Cenicienta está triste y sola, y el Príncipe, que todavía no la conoce, se demora. No sabe cómo son de preciosas nuestras montañas, nuestra Cenicienta, de saberlo vendría a galope. La Diosa Madre Tierra constructora de montañas sabía que el apilar rocas invita a los Dioses y al Sol, plantar flores invita a las mariposas, los árboles al viento, las encinas a las cigarras. Aquí no tenemos ríos caudalosos ni montañas colosales, lo nuestro es modesto, templado, como una bella y sencilla melodía. Pero son montañas vivas con su corazón de fuego, y peñas, fuentes donde las lamias cantan dulces canciones, árboles en cuyas ramas bailan las sílfides y el viento, rocas morada de los enanos que saben de tesoros enterrados. También tenemos las estrellas y los misteriosos habitantes de la noche. ¿No habéis probado a dormir una noche en el monte?, es una sensación inolvidable.

Me hubiera gustado explicar con elocuencia que nuestras montañas son un tesoro lleno de tesoros que estamos destrozando, que todas las montañas de Euskalherria deberían ser espacio natural protegido. Tesoro lleno de tesoros ¡tan cercano y tan lejano!, tan amigo y cercano si nos acercamos con calma y cariño, pero lejano, invisible, escondido, si nos acercamos con indiferencia o prisa. Para empezar tenemos que cuidarla con mimo. Si no lo hacemos, las futuras generaciones nos dirán que gracias por la cagada dejada en herencia y nos maldecirán comentando lo bestias, más grave todavía, lo sandios y majaderos que fuimos.

(1) Me impresionó hace tiempo (Pyrenaica, Luis Alejos) que un millón de personas al año andaban por las Cañadas del Teide y que cada día en el teleférico iban arriba entre 1.500 y 2000. Hubo que poner coto a todo esto.

ANEXO Nº 2

EL DISFRUTAR EN LAS CARRERAS

¿Que con las carreras no se conoce y disfruta de paisajes fantásticos?, tal es la pregunta que en Pyrenaica, nº 238, p 54, aparece al pie de una bonita fotografía. Curiosa pregunta, fácil, tentadora, confusa a rabiar, porque ¿quién se va a resistir al disfrute de ese escenario paradisíaco? El correr es algo natural, eterno, todos corremos en el monte, potros, corzos (con gracia y deportividad) y los humanos (a más de uno le vendría bien un cursillo sobre elegancia en el correr) La montaña, para mal, está de moda y por eso los pilotos de los quads también disfrutan haciendo carreras por la Sierra. El correr da mucho de si, hay variadas maneras de disfrutar. Pero vamos a mirar mejor porque confundimos el “correr” con el “correr en las carreras” y son estas últimas las citadas en el debate planteado (Pyrenaica, nº 237)

Disfrutar, sinónimo de gozar, sentir placer, es un concepto elástico. En cada actividad, escenario o paisaje hay distintas maneras de disfrutar, cada una de ellas más suave, dulce y cálida cuanto más cerca y en armonía está con lo natural y eterno de la vida y de la naturaleza. Así es el gozo del marchador que va en comunión con la montaña, con sus rocas, animales, plantas, lugares de historia o leyendas, con tiempo para oler y contemplar una flor o escuchar la cantata de un pájaro, con tiempo para beber agua en la fuente y mear a satisfacción. Ese sí disfruta de la vida, de la magia y de lo maravilloso de la tierra, ese contesta afirmativamente a la pregunta porque evidentemente conoce y disfruta de paisajes fantásticos.

También en las carreras se disfruta, evidentemente, atraen. Pero aquí sobra la naturaleza, el corredor ha salido de ella para encerrarse en sí mismo, su compañía no son los pájaros y flores, pasa dos veces por el Paseo de la Concha en la maratón de Donostia, o por otros hermosos rincones, sin poner los ojos en ellos. El disfrutar no viene de la vida y palpitar de la montaña, es intrínseco y no trasciende de la propia competición, es el vencer a otros o a sí mismo, es lucha, la agonística de los griegos. En general se va a tope, da igual alta competición, carreras populares o por montaña, los buenos buscan el podio, los medianos buscan mejorar tiempos y los mediocres hacen lo que pueden. Son duras, sin duda recordáis imágenes que dieron la vuelta al mundo, de la maratón femenina en la Olimpiada de Los Ángeles en la que una atleta suiza que venía destrozada se cayó a unos metros de la meta. Hay sufrimiento, ciertamente, pero es un sufrimiento especial que actúa como una droga y que, desde luego, da una especial satisfacción. Pero no tiene nada que ver con paisajes fantásticos, es igual en la carretera Behobia-San Sebastián o en la maratón de Bilbao.

Pasa igual en otros terrenos, como en el sentimental o amoroso. Están los goces sencillos, cercanos a la naturaleza, el beso a la novia, el contemplar juntos el ir y venir de las olas, o las excursiones por los jardines de Venus. Sin embargo, algunos encuentran el placer de otra manera, prefieren una cocina amorosa más rebuscada y picante, un tanto perversa y artificial, sazonada con los latigazos del Ama Dominante, la Gobernanta de traje y polainas de cuero.

En resumen, contestando a la pregunta, los corredores en las carreras no conocen ni disfrutan de paisajes fantásticos, no tienen ojos ni oídos, no van en comunión con la montaña. Tampoco lo hacen los que compiten en las marchas.


Editore erabiltzailea: admin |  Eguneratua: (2010/07/16 - 00:06) |  Permalink |  Erantzunak (1) |  Erantzun mezu honi
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tu no eres nadie para decir lo que siento o de lo que disfruto en una carrera de montaņa.

para mi, como montaņero, es una experiencia increible.

un poco de respeto, por favor.

Izena: joseba |  Eguneratua: (2011/01/27 - 16:27)

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