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El siguiente documento fue enviado a nuestro correo electrónico por el montalero Vidal Olabarria el pasado verano. Consideramos que el análisis y comentarios citados en él son de interés general para el mundo montañero. En consecuencia lo publicamos en esta web y dejamos abierto el foro de repuestas al mismo para todo el mundo que lo desee.

Posteriormente, nuevos documentos han aparecido en la red en relación al mismo tema, publicados por Luis Alejos (en Pyrenaica, Tribuna y en breve en la revista Desnivel), y Vidal Olabarria (en respuesta al artículo de Luis Alejos de Pyrenica). Publicamos, a continuación en otro mensaje el artículo de Luis Alejos en Tribuna (con algunas modificaciones al publicado en Pyrenaica) y la respuesta de Vidal Olabarria a este último en los dos próximos mensajes.

OHARRA: ondorengo dokumentua gaztelaniaz iritsi zaigu. Oso luzea denez, eta itzultzeak lan handia dakarrenez, momentuz gaztelaniaz eskaini behar dugu. Irakurle euskaldunak barka dezala eskatzen dugu.




LAS CARRERAS Y MARCHAS DE MONTAÑA

El andar por la montaña tuvo un amanecer claro, muy bonito, pero ahora tenemos nubes, hay confusión como pasa en otros órdenes de la vida de esta sociedad. Voy a contar su pequeña historia.

Antecedentes

El panorama de hace un siglo, a grandes brochazos, era bastante negro: se habían perdido Cuba y Filipinas, el país arruinado y postrado, monarquía en horas bajas, guerras carlistas, fanatismo, ignorancia y pobreza rampantes, por si fuera poco pronto llegaron las terribles Guerra Civil y las dos Guerras Mundiales. Bastante había con sobrevivir. En aquellos momentos en que salvo los interesados en su explotación (pastores, leñadores, cazadores) nadie subía a la montaña, mérito tuvieron aquellos burgueses de la ciudad que desarrollaron algo lúdico y recreativo como el deporte de montaña. Son variadas marchas y travesías desde el último tercio el siglo XIX que no detallo por falta de espacio. En Pirineos y Picos de Europa andan montañeros diversos, unos por oficio (geógrafos, militares), otros por afán de aventura (aristócratas, incluso atrevidas señoras con sus largas faldas arremangadas, a las que entonces calificaban de excéntricas). Más en serio en la primera mitad del siglo XX se hacen "primeras" ascensiones a montañas hasta entonces consideradas difíciles o imposibles. A todo esto las gentes del campo miraban a estos montañeros con asombro y curiosidad.

Estos pioneros hacían de todo y fueron la semilla que maduró en la segunda mitad del siglo aprovechando la bonanza de la sociedad que salía de guerras y calamidades. Había tensión, ganas de vivir y la juventud con su maravilloso ardor y fuerza empujaba. Y tiene lugar una como explosión de donde salen los del "más difícil todavía", los modernos especialistas en alta montaña, grandes paredes, barrancos, esquí extremo, espeleología, escalada deportiva y, bastante más tarde, las carreras de montaña. Cada uno por su lado.

Los que quedamos de esa desbandada somos los alpinistas tradicionales o viejos montañeros de a pie. Hay distintas maneras de actuar: unos individualistas que hacen proezas extraordinarias (Sheve Peña, Asier Irazabal); la generalidad de los Clubes locales con sus simpáticas excursiones; el Club Fortuna, de Donostia y los Amigos de Aralar, de Tolosa que continúan con sus tradicionales marchas. Pero no era bastante, fue brotando como un deseo de superación, de dar un toque más deportivo y exigente a las excursiones de las tradicionales cuadrillas de mochila con comida, tranquilidad y bota de vino. Intérprete de este sentir fue la Sociedad Excursionista Manuel Iradier, de Vitoria, que en 1987 tuvo la genialidad de organizar la Hiru Haundiak (los Tres Grandes), marcha seria, prestigiosa, inigualada en España. Un par de años después los catalanes organizaron la Santuario de Nuria-Santuario de Queralt. Esto fue un firme y meritorio paso hacia delante porque todavía entonces apenas había deporte organizado. Fijaos, por ejemplo, en el caso del atletismo, la primera maratón de San Sebastián se hizo en 1977 y la de Bilbao en 1980.

Soplan vientos de cambio

Tiempo revuelto en los últimos 20 años, las cosas avanzan pero a la par llegan problemas y confusión, son los años de la invasión de la montaña por los corredores. Llegan en medio de esa ceremonia de confusión que es nuestra propia sociedad que manda para la montaña hordas turísticas, motos, quads, paseantes en todo terreno, todos al parecer repentinamente "enamorados" de la naturaleza. Y en el concreto caso del alpinismo tenemos un tránsito brusco desde la filosofía tradicional del "disfrutar de la montaña" para venir a desembocar en una competitividad que no lleva a ninguna parte.

Esto se ve en la evolución de la Hiru Haundiak en donde expresamente dijeron " ... es preciso lograr entre todos un verdadero y perfecto clima NO COMPETITIVO ... Por ello no se sellará ninguna tarjeta de marchador que no pase por los puestos de control dentro de los horarios establecidos como MÍNIMOS y MÁXIMOS." Pero ya desde los primeros años apareció una fuerte presión de los corredores que fue en aumento hasta que en el año 2000 la organización claudica y manifiesta " ... Nos hemos atrevido a aceptar el reto que muchos participantes estabais lanzando. Los tiempos mínimos a algunos les quedan cortos". Y establecen la modalidad " ... competitiva de CARRERA". Dirán algunos que hay que adaptarse a las demandas de la sociedad pero aquí no hay eso, pasa simplemente que los corredores arrollan, obligan a dar un giro copernicano en los principios y los criterios iniciales son derrotados.

De esa Hiru Haundiak Antxon Iturriza en su Historia del montañismo vasco cuenta con lucidez lo que pasó, dice que "la iniciativa fue acogida como un reto, no a la capacidad de resistencia, sino incluso a la propia sensatez". Efectivamente causó impacto pero fue algo natural, abundantes sesentones hicimos ilusionados las primeras marchas (cuyo folleto de presentación por Iradier habría que desempolvar y consultar), pero llegó la competitividad. La Hiru Haundiak hoy es algo muy grande y prestigiado, admirable, pero no es marcha.

A las posteriores preciosas marchas de la Federación Vasca de Montaña vinieron el mismo espíritu y las mismas personas de las Hiru Haundiak, pero muchas de éstas venían infectadas por el virus de la competitividad. El resultado es que hoy en la práctica tenemos una chocante amalgama de "marchadores que corren" y "marchadores que caminan" con serios problemas de identidad, no sabemos si vamos en una marcha o en una carrera. Conocidas cuadrillas de montañeros se han fracturado y cada cual va como puede. Da pena ver a personas maduras corriendo o medio corriendo, en competición desigual y antinatura con la juventud, algo absurdo.

Las carreras de montaña

Bendito sea Dios que por fin se ha establecido el correspondiente calendario de carreras, a ver si por fin nos dejan en paz a los marchadores. De todos modos, como simple espectador, hay cosas que no entiendo. ¿Esa fuerte juventud tiene que correr por la montaña? ¿No tendría mejor encaje en el atletismo? ¿Se admiten carreras de montaña en las Olimpiadas? ¿Y qué pasa con las lesiones, son conscientes los corredores de los riesgos para su salud futura? Y si se hacen carreras a pie otros podrán decir ¿por qué no se van a hacer en bici, en moto o en quad? ¿Acaso alguien cree que la montaña puede con todo, algún día tal vez hasta carreras de camiones? ¿Se tiene en cuenta que en nuestra pequeña geografía las carreras son un sumando más en el castigo a la montaña? También conozco alguna reserva de alpinista histórico, Angel López "Cintero" (Desnivel nº 251, junio 2007) donde dice "hay cosas que no me gustan de la evolución de la montaña. No le encuentro sentido a subir corriendo al Aneto".

Sentido final de la montaña y de los deportes de montaña

La montaña es mucho más que un agregado de minerales o un simple camino, tiene vida, árboles, flores, pájaros y muchas cosas más. Eso es para disfrutar y está reñido con las prisas, el correr, la competitividad o cualesquiera otros compromisos ajenos a lo deportivo, y así lo entienden las gentes corrientes. Tal es también la finalidad de los montañeros que en versión moderna son los herederos de aquellos tradicionales de cuadrilla, mochila y bota, disfrutan, "viven" la Naturaleza y la montaña, caminan muchos kilómetros con tiempo para parar en cada cima y otear los horizontes, en la fuente beber agua a satisfacción, en cuadrilla discutir e identificar un árbol o arbusto poco conocido, escuchar el canto del cuco, comentar parajes de leyendas que nos han dejado etnólogos o historiadores, discutir sobre qué bicho será y qué comerá el que nos ha dejado esta cagada, disfrutar del compañerismo y charla del grupo. Pero no puede ser, en nuestras marchas se vive un clima frío, manda la competitividad, no nos dejan disfrutar de nuestra querida montaña.

Es que vivimos en una sociedad desorientada. Sin embargo ya no son solo las gentes corrientes y los montañeros tradicionales los que sienten que la naturaleza es para disfrutar, esto pasa también en niveles altos donde voces muy autorizadas lo están poniendo en evidencia. En el caso máximo de la alta montaña, Himalaya, Alpes, hay alpinistas mercantilizados, a presión, sometidos a las exigencias de sus respectivos "sponsor", no representan aquellos años de oro de los "conquistadores de lo inútil", y frente a ellos resucita la filosofía de los grandes R. Messner o Walter Bonatti en donde el coleccionar cimas, el simple "subir", queda muy detrás del "cómo se sube (por fortuna acá tenemos un grupo de los buenos que está en la mente de todos). Del mismo modo para los grandes escaladores el "divertirse escalando" está por delante del simple "escalar". Al lado de estos grandes los montañeros populares somos parvulitos pero nos viene muy bien su ejemplo, así que vamos a levantar la voz y proclamar muy alto que "caminar disfrutando de la montaña" está muy por delante del simple "caminar o correr por la montaña".

Hay aquí una tarea que los Clubes y la Federación tendrían que acometer. Creo incluso que con seriedad todo esto debe airearse, como me da la impresión que se hace en otros ámbitos. En la revista Pyrenaica, órgano oficial de la Federación Vasca de Montaña, nº 233 del pasado diciembre, se indica que en reciente Asamblea de la UIAA (Unión Internacional de Asociaciones de Alpinismo donde están integradas todas las Federaciones de Montaña), dos federaciones austriacas y la alemana (cuyo peso es casi la mitad del total de la UIAA) han decidido separarse alegando que la UIAA "se esta concentrando en la escalada y en el esquí de competición, y olvidando las áreas de promoción y apoyo al alpinismo tradicional". Los montañeros no recibimos información suficiente de lo que se hace en la UIAA, en consecuencia no vemos el alcance final de la noticia, pero de su simple enunciado se desprende que tiene importancia. Sin embargo para Pyrenaica no tiene demasiada relevancia, sin explicaciones queda relegada a las páginas finales de la revista, resaltando algo prosaico como la merma de los ingresos por cuotas que ello va a traer a la UIAA.

LAS MARCHAS DE MONTAÑA

Situación actual

Los antecedentes y problemas de fondo se han tratado ya en los comentarios sobre "Las carreras y marchas de montaña". Ahora trataremos de cuestiones concretas en torno a las marchas. Aquí, dejando aparte las carreras de montaña (que tienen su propio calendario) y a los especialistas en alta montaña, escalada, esquí, etc., quedamos los "marchadores que corren" y los "marchadores que caminan", mezclados todos formando una extraña amalgama.

Una pequeña aclaración antes de entrar en materia. Hoy todo el mundo usa y abusa de la montaña, el peso del ocio y entretenimiento, como un añadido más, es desmesurado. Lo curioso es que a todos, desde las masas turísticas que no saben lo que es una montaña, ni les importa, continuando por motos y quads hasta los corredores de carreras y los "marchadores que corren", a todos les une el denominador común de que les gusta y aman la naturaleza, los espacios abiertos y la montaña. Así lo dicen ellos. ¡Qué amores tan románticos! ¿Cómo pueden decir esto los motoristas y los corredores? En su vida privada será así, pero en cuanto a la práctica de su deporte no van a la montaña, simplemente "van por un camino más o menos accidentado que por casualidad está en la montaña", que es muy distinto. Para sus fines les daría igual que ese camino esté en la Luna donde no hay ni pájaros ni flores. Ahí van los motoristas, veloces debajo de sus cascos, sorteando los accidentes de los caminos, gozando en los toboganes, raaaa, arriba, raaaa, abajo, como en una montaña rusa, levantando nubes de polvo en medio de un ruido atronador; los corredores, reconcentrados, como dentro de una burbuja, en tensión, preocupados con los tiempos de referencia, atentos al pulsómetro, cronómetro, etc. ¿Qué pueden ver, oír o sentir de la vida o cosas de la montaña, de pájaros que no oyen , de flores que no ven?. Seamos serios.

Bueno, pues así vamos, revueltos, los que corren y los que caminamos. Hay confusión hasta en los nombres porque cuando todos los bichos de la montaña tienen un nombre claro explicativo de su singularidad (liebre, raposo, yegua, carbonero, pastor, cazador, salteador de caminos, contrabandista, carabinero, leñador) como es lógico pues para eso la humanidad inventó las palabras y los idiomas, resulta que hay confusión con los deportistas que andan por la montaña, parecidos a primera vista pero que no tienen nada en común.

En los comentarios sobre las "Las carreras y marchas de montaña" se explican cuáles son el sentido final de la montaña y el de los deportes de montaña, fundamentalmente el disfrutar, y el modo natural de caminar en comunión con la naturaleza. Pero esto no se cumple en el caso de los "marchadores que corren", no "viven" la montaña, la "usan" como una pista para correr. Mencionaré algunas notas que los caracterizan: van solos, atribulados, algunos torcidos, (el garbo lucido no es su fuerte, los griegos no los tomarían como modelo para las estatuas de sus atletas); ansiosos hasta dan empujones cuando no pueden adelantar en sendas o pasos estrechos; mean apurados, con el vientre hacia la pared y la cabeza vuelta, vigilando si pasa un rival para echar a correr todavía goteando. Ahora bien, lo grave es el daño que hacen al espíritu de las marchas por el efecto imitación sobre los demás.

Sostienen que si les gusta correr por qué no van a hacerlo. Conversación difícil, hablamos idiomas distintos. Sin embargo es algo elemental, en todo en la vida hay reglas y en el deporte también, en una prueba de 10 km marcha no se puede colar un atleta para hacer 10.000 m lisos, en una carrera de burros no participan caballos de carreras.

Hay corredores extraordinarios pero su sitio está en las carreras o, mejor todavía, en el deporte olímpico, que da prestigio a los deportistas y al pueblo que representan. Euskadi, sociedad hoy moderna y equiparable a las avanzadas de Europa, quizá merece una mejor representación. Ahí los retos y los rivales son de verdad, ahí es donde se da la talla, ahí están también el triunfo y los laureles. ¡A ver si vamos a tener otro Martín Fiz y anda perdido por los montes!

Las lesiones

En mi opinión son un problema que va a pesar en el futuro de los "marchadores que corren" por la singularidad de los recorridos de las marchas, que no coinciden con los de las carreras pues éstas, aunque duras, van por sendas más claras o definidas, a veces evitan los cresteríos y tramos de maleza. Los recorridos de las marchas son de ver para creer. Es un problema que en mi opinión se está gestando en medio del silencio y de la confusión. Es asombrosa la resistencia a la rotura que tiene el cuerpo humano. Pero se conoce mal el trato brutal que, corriendo, soporta en los ásperos parajes por donde van las marchas, que de forma breve voy a describir. Es corriente bajar por grandes pendientes dando zancadas o saltos de roca a roca , o sobre brezos o matas; por caminos empinados de piedras o piedrotas sueltas porque el agua se llevó la tierra; peligrosos descensos por mojada caliza pulida y resbaladiza invisible tapada por la hojarasca ; por pistas de piedra gorda suelta de cantera; por prados y labranza en que recogida la cosecha la hierba crecida posterior disimula los hoyos y los surcos; por rutas que no van por senda sino campo a través por recta ideal de muga a muga del pueblo, entre zarzas y maleza; por ásperos tramos de aristas en roca, o monte bajo cerrado de boj, enebros o espinos por donde difícilmente pasa el jabalí.

Innecesario contar las decenas de miles de pasos o saltos a dar, unas veces viendo y otras, fijaros bien porque esto es lo importante, no viendo ni dónde ni cómo cae el pie. El marchador lleva su vara y puede tantear el terreno, el corredor va a pelo. Ahora a multiplicar número de zancadas por peso corporal y velocidad de impacto, sale un número de toneladas que pone los pelos de punta. Increíble que eso pueda aguantar el organismo, de hierro no lo soportaría.

Este es el escenario y ahí, entre los actores, hay inacabables conversaciones sobre los efectos para el organismo. Cada cual va a lo suyo, lo ve desde su óptica particular y hay confusión.

Los jóvenes, encantados, esa edad puede con todo, no tienen problemas pero empiezan a tenerlos. He tenido varios contactos con ellos y a modo de ejemplo voy a mencionar uno. Conversación con un chico como de 25 años, fuerte, simpático, fue primero en la marcha en poco más de 7 horas, yo tardé casi 14, en el pueblo se empeñaron en hacer foto juntos de primero con último. Después de agradable charla me dijo: "ya me gustaría a su edad hacer lo que Usted ha hecho hoy". Esto me dio pie para decirle sinceramente que no, que correr por el monte no es el camino para ello, correr y perdurar activo en el monte es mucho pedir. Luego me dijo que ya había tenido varias lesiones. Chico muy razonable que tendrá que meditar sobre estas cosas.

Queda otro grupo, demasiado numeroso, indefinido, sin ideas claras. No se ve el motivo que tienen para correr (por destacar, porque les gusta, por imitación), no se paran a pensar que el correr es incompatible con una marcha montañera. Tampoco se preocupan de las lesiones, los hay que sostienen que correr por asfalto es más dañoso, no abren los ojos ante la evidencia de que personas relativamente jóvenes están teniendo problemas con las lesiones.

Sobre las lesiones los montañeros necesitan más información, general y médico-deportiva. Si la hay se debería divulgar y si no la hay se debería encargar. Solamente una persona educada e informada es libre y, si lo es, desde su libertad podrá decidir, bien machacarse, o bien administrar el tesoro de sus huesos y articulaciones para durante muchos años disfrutar de la vida y del deporte.

Los aprovisionamientos. El peso de las tareas de organizar las marchas

Me refiero a los aprovisionamientos que en tiempos modernos se ponen en la montaña. Son cosa aparte los tradicionales Refugios propiedad de los Clubes donde el día de la marcha, que es como una romería, ofrecen un refrigerio a las gentes de la zona. Es muy bonito y todos nos aprovechamos. Es un detalle que hay que agradecer.

Por lo demás en la montaña nunca hemos necesitado aprovisionamientos. El casero de Iturbe llevaba mochila (la caminata anecdótica de este casero se comenta más adelante), los montañeros tradicionales llevamos mochila, los grandes, nuestros Albertos, nuestra Edurne y otros suben al K-2 y llevan mochila, los hermanos Pou suben grandes paredes y caminan por la Antártida llevando mochila. ¿Qué pasa para que en nuestras sencillas marchas tengamos una clase señorial a la que surtimos con un rico repertorio de comidas y bebidas? Así pasa que muchos van corriendo y no llevan mochila, ni riñonera, ni agua, nada. Y a la pesada y no bien agradecida labor de organización de las marchas se añade una tarea más. No es extraño oír "en el Club somos muchos pero en la faena pocos". Tampoco extraña que las personas tengan ganas de terminar para ir a casa. La prueba está en que entre cientos de Clubes existentes solamente un par de docenas organizan marchas. Ahora bien, esto se ha complicado a causa de los corredores. Lo vemos en el ejemplo de una marcha de 56 k en donde el último control está como en el kilómetro 40 y dadas las diferentes velocidades entre primer corredor y último marchador dicho control tiene que estar abierto más de 5 horas. ¿Imagináis 5 horas con niebla o ventisca en una cima donde con tal tiempo no puedes parar ni para hacerte la foto? El caso de los aprovisionamientos en esencia es semejante, horas y horas en descampados calentando y recalentando el caldo.

Consideración final

Como pasa en la vida también en la montaña han entrado las prisas y nos han robado el disfrutar de la montaña. Ya, de entrada, bastantes marchas se diseñan con unos topes de tiempo que exigen ir de prisa. Luego los caminantes hacen el resto: los corredores por su oficio, los que les imitan no se sabe por qué, la gente fuerte entra en el juego y va rápida, los mayores vamos como podemos, los pájaros y las flores olvidados. Por favor vayamos al rescate de las marchas de toda la vida.

LOS MAYORES. LOS MONTAÑEROS DE TODA LA VIDA

Son los que caminan por los senderos del otoño. Gente entrañable, son la parte más débil y a la vez la más pura del alpinismo tradicional, deportistas de verdad, aquí no hay podio, dinero ni oropeles. (Antes de continuar, para que no haya malentendidos, tengo que aclarar que soy mayor y que lo que se haga con las marchas no me va a afectar, como se suele decir ya vendí las acciones que tenía de este negocio de la montaña, pero me gusta que las cosas se hagan bien y quiero ayudar a recuperar el espíritu de las marchas y a los mayores que quedan)

Se trata de aquellos recios mocetones de 40 años que en las primeras y preciosas Hiru Haundiak iban arrollando. Ahora están arriba por la sesentena y van quedando pocos. Al menos no se ven en el común de las marchas. Otros se ven solo de vez en cuando. Nuevos montañeros maduros raramente llegan. Alguno prueba pero escaldado no vuelve. Repetidas veces me han parado en la calle y preguntado ¿pero todavía vas a las marchas?, pero si eso es de locos. Total que somos pocos y en cambio son muchos los que deberían venir y no vienen. Se ha corrido la voz de que las marchas son endiabladamente duras.

Sin embargo no es así. Consideremos un par de cosas: 1º, la evidencia de que un montañero sano de 70 años baila en el alambre (con esa edad hay quienes hacen la Hiru Haundiak de 100 kilómetros). En el tramo de los 60 a 75 años hay fuerzas sobradas, más que sobradas, para hacer las marchas actuales, el declinar está por la frontera de los 80. Por tanto ¿no es lógico esperar la llegada de muchísimos más a unas marchas de solo 45 kilómetros?; 2º, en sí mismas estas marchas tienen unas dimensiones discretas, vienen a ser los recorridos que los campesinos de antaño hacían con el burro, saliendo al amanecer y volviendo al atardecer, para ir a la capital por el monte a vender las castañas y traer la compra, aprovisionados con media hogaza de pan y la fuente del camino. En una ocasión el casero del caserío Iturbe tuvo que hacer unas gestiones en Vitoria. Era un hombre maduro, adinerado, muy mirado en el gastar y en lugar de ir en tren a Amurrio para allí coger el autobús de la línea Arceniega-Vitoria se puso en camino a pie por el monte hasta Altube y luego por carretera hasta Vitoria. Salió de noche, hizo sus gestiones por la mañana y a la tarde vuelta a casa por el mismo camino. Total de más de 90 kilómetros. Provisiones, las fuentes del camino y medio pan de "borona" ("arto", maíz) que metió en el "kolko" (llamaban "kolko" al espacio que está delante del pecho, entre la camiseta y la camisa, sujeto por debajo por la faja, que hacía el servicio de mochila). Curioso motivo del viaje, en Llodio salía a subasta una casa que querían comprar el casero y el cacique del barrio, y las ofertas se podían presentar en el Juzgado de Amurrio o en el de Vitoria. Pensando que la puja a dos en Amurrio iba a ser caliente fue a Vitoria a escondidas. El cacique al no ver competencia en Amurrio hizo oferta a la baja, nuestro casero en Vitoria la hizo normal y se quedó con la casa. Las maldiciones del rival se oyeron en Constantinopla. Avisado y listo el buen casero de Iturbe.

Pero a lo que voy, hay algo que a mi juicio no va bien en la montaña y como la cuestión tiene importancia conviene explicar con claridad cosas que al parecer se han olvidado. Vamos por partes:

Los mayores

Digamos que son el tramo de edad que va desde 60 hasta la proximidad de los 80 años. Son mayores, efectivamente, y hasta alguno podría pensar que son viejos para montañeros y que es hora de que se vayan a casa. Naturalmente somos realistas y sabemos que tenemos que ir a casa, y luego también a otra casita que está más allá, donde si te ponen una moneda debajo de la lengua para pagar el pasaje el barquero Caronte te lleva en su barca por el río Estigia. Pero también sabemos que esos montañeros aprueban cada día el examen práctico de hacer marchas serias tales como subir al Ernio y al Erlo desde Azpeitia, o al Txindoki y varias cimas más de Aralar, o en 14 horas pasar por Amboto y Gorbea subiendo 2.550 metros y caminando 56 kilómetros con toda normalidad, disfrutando de la montaña. Explico todo esto para dejar claro lo que estas personas hacen en el monte y preguntar ¿qué hacemos?, ¿los consideramos unos baldados y los mandamos a casa, o los respetamos como montañeros?

Los tiempos máximos en las marchas

El Reglamento de las marchas indica que se establecerán, pero deja su determinación a los Clubes, cosa lógica pues son éstos los que conocen cada recorrido. En la práctica hay de todo, unos no hablan de tiempos, otros los dan simplemente indicativos y otros marcan tiempos máximos. Entre éstos hay Clubes generosos, los más, y otros rigurosos. Lo malo es que no sabes cuál es el hueso difícil hasta que topas con él. Con estos rigurosos sí hay problemas: por un lado, para el señalamiento de los tiempos máximos se utiliza una velocidad que equivale a un andar sostenido a buen paso por la montaña, en torno a los 4 kh. Fácil para llanear (hablo de velocidades que se ven en la cinta del gimnasio en donde 5 kh es ya paso ligero y 6 kh es la frontera con el correr) Pero falta considerar los añadidos: empinadas subidas y peligrosas bajadas que imponen un andar cauteloso y lento, terreno intermedio unas veces con maleza, otras accidentado con rocas y grietas donde tampoco se va rápido, con el resultado de que vas perdiendo un tiempo que luego tienes que recuperar arreando de lo lindo, corriendo o medio corriendo (todo ello afecta a los marchadores del montón , los jóvenes y fuertes no tienen problema) Ahora queda la meteorología: niebla, nevadas, aguaceros y barrizales. Y los mayores que ya no tenemos la chispa de los jóvenes y fuertes. Y otra buena propina, la soledad, algo terrible, porque de nuestra quinta vamos pocos. Es mejor ir en grupo, nos animamos y ayudamos, a veces faltan las marcas y hay que batir el terreno entre varios para dar con la ruta. Imaginad la soledad con niebla en un paraje desconocido por donde anda la Santa Compaña. Hay también cierta confusión o arbitrariedad, pueden negar el sellado por un pequeño retraso alegando que tienen muchas personas trabajando y quieren ir a casa. Todo esto da inseguridad, lo de menos es que no te validen la marcha.

Para evitar estos inconvenientes necesitamos muy poco, no hay que cambiar nada en las normas, basta con que esos Clubes, dentro de límites razonables y en atención a circunstancias extraordinarias, tengan un poco de paciencia para esperarnos.

Marchas bonitas las del País vasco francés, son populares, allí vas bien arropado, las cuadrillas para tomar el bocata se sientan en las campas, por acá eso es un lujo prohibido.

Pero todo no van a ser sombras a continuación va un ejemplo de marcha para soñar: Makea Oiñez , cerca de Cambó, a los pies de los Bajos Pirineos. El grupo de habituales subimos al Baigura, saludamos a las grandes cimas que tenemos enfrente, dejamos unas flores y tenemos un recuerdo para Pirene (mítica princesa que vivió aquí y dio su nombre a la cordillera, que tuvo amores con Heracles cuando con ocasión de sus Doce Trabajos pasó camino de la Galia, donde fundó su capital Alesia escenario de las andanzas de Asterix y Obelix) La verdad es que hoy luce el sol. Entrañables compañeros, Cecilio, Benito y José Mari, los pastores de Oyarzun; Leoncio, el castizo y alegre Alcalde navarro; Marie Louise y Rafa, de Bayona; Bego, de Donosti; Juan Mari, de Tolosa; Conchi, de Billabona; Goyo y Javier, de Mutriku; Arantza, Iciar, Mercedes, Víctor y Ricardo, de Bilbao, cuadrilla fina, "gente alegre, bien intencionada, traviesa y juguetona" en palabras de Cervantes. Después del Baigura ellos van delante y cuando llego están duchados, el fuego encendido, preparados los choricitos, Arantza ha sacado su rica tarta de zanahoria, Víctor ha abierto las botellas, Leoncio ha desenfundado el acordeón. Fijaos bien "choricitos, tarta, vino, gente encantadora, las notas chispeantes del acordeón y la tarde que declina cuando todavía el sol con su luz dorada ilumina las casas, ¿no es esto felicidad?".

Conclusión

El problema de las marchas no está en la geografía a recorrer sino en el ambiente competitivo que las hace muy difíciles para los mayores, se va de manera que no se disfruta de la montaña. Entre los Clubes se atisban dos grupos: unos, resignados con la situación, dicen "vienen los corredores y no podemos hacer nada"; otros llevados por gente joven se muestran más beligerantes a favor de los corredores. A todo esto parece que las Federaciones en silencio dejan hacer.

En resumen, hay un no explícito pero sí evidente clima frío para los mayores, unas personas, fijaros bien, que ya fueron prejubiladas en el mundo laboral donde trabajaron y a las que ahora en la montaña en cierto modo se las quiere jubilar de nuevo. Eso no está bien, aquí no hay ajustes de plantilla, seguimos pagando nuestras cuotas a la Federación y, dentro de límites razonables, queremos seguir al abrigo de los vientos que soplan del lado de un absurdo y antideportivo "neomontañismo". Necesitamos estas marchas donde convivimos con gente muy maja de otros Clubes y descubrimos insospechados parajes naturales escondidos fuera de los recorridos habituales. De todo esto recientemente he pasado informe detallado a la Federación Vasca de Montaña interesando que se vuelquen con este colectivo, que lo arropen con calor y un apoyo explícito. A los mayores os pido que no os vayáis, que andar 40 kilómetros es fácil para vosotros, tenéis que animaros, seguir, pues ahí está la salvación para ser fuertes de cuerpo y espíritu hasta la ancianidad.

¿Hay soluciones? Me atrevo a decir que sí, pero para ello en el diseño de las marchas tiene que primar la idea de "disfrutar de la montaña", no caben las prisas ni la competitividad. Natural mente que los corredores pueden venir, pero como marchadores, a caminar y disfrutar con los demás.

LA DEPORTIVIDAD.

La herencia de los viejos griegos

Hace miles de años nos explicaron que el deporte es más que competir, busca la perfección física y espiritual, busca la belleza en un sentido más allá de la belleza y destreza de los movimientos corporales, tiene que responder y armonizar con las cualidades del alma. Desarrollaron los conceptos de valor, salud y fuerza, pusieron énfasis en el arte, la música y la educación y formaron individuos con cualidades para marchar airosos entre los éxitos y fracasos de la vida. Buscaban un "ser el mejor" no como afán egoísta sino como anhelo de perfección, un ser con gracia, elegancia y fuerza dentro de los límites de su personalidad humana. Lo sobrehumano, las grandes proezas, quedaban para los Dioses y los Héroes de la Mitología. Eso que en tiempos modernos se llama "sports-man-ship", el espíritu del honesto juego limpio y elegante en el ganar y perder. Ciudadanos sanos de cuerpo (hay que cultivarlo) y alma (sentimientos elevados, vida honesta por encima de rastreras inclinaciones). Más en concreto distinguían entre la gimnástica como adiestramiento físico para la formación del espíritu y de la moral, y la agonística que unida a la anterior forma la esencia del deporte de competición.

Cierta confusión.

Creo que nos dejaron claro lo que se entiende como deporte o deportividad. Sin embargo en lo que llamamos deporte en esta complicada sociedad los valores están subvertidos: en lo profesional en lugar de deportividad rigen exigencias mercantiles, el deportista tiene necesariamente que llegar al éxito, todo vale, hasta el fraude o el doping, para poder cumplir las exigencias del "sponsor"; en deportes populares también se mueve dinero pero sobre todo hay confusión. Incluso a la hora de nombrar las distintas actividades se olvida que lo primero que hizo la Humanidad fue dar a cada cosa un nombre concreto explicativo de su singularidad. Pero ahora parece que hay escasez de nombres y tenemos que hacer un cesto para meter todo revuelto. Se va a entender mejor con unos ejemplos.

Tenemos a esos profesionales que a los mandos de un artefacto hacen determinadas proezas o actividades. Su prototipo sería el piloto de un avión de combate. Pues bien, hay otras que en esencia son semejantes: el piloto de una embarcación que llevan a las tranquilas aguas de un lago americano y bate el record del mundo de velocidad; el rally París-Dakar; las "race boats", carreras de embarcaciones a motor; el automovilismo, el motociclismo, las carreras de camiones. En general todo se viene considerando deporte pero quizá debería llamarse de otra manera. En cuanto a mérito "deportivo" hay que restar el 50 % que corresponde a los ingenieros que construyeron el artefacto.

Hay otra gran variedad de actividades y artilugios que se presentan como "deportes alternativos" pero parece que están más cerca del circo. Tales los toboganes donde en moto, bici o patineta se sube, baja y dan volteretas en el aire; las molestas y contaminantes motos acuáticas; variados artilugios como los zancos voladores, botas saltarinas, bicis sin manillar, el surf por tierra, patinetas para subir y bajar por el monte, el "zorb" o esfera donde se mete una persona y se la deja rodar cuesta abajo, etc. Incluso en la escalada deportiva se hacen cosas que un equilibrista o un saltimbanqui con su cuerpo tan elástico y flexible harían muy bien.

El "ir más allá del límite". Resulta de esta sociedad competitiva y es un azote en los deportes profesionales que caminan a la sombra del doping, pero asoma también entre los aficionados. Ya hoy hasta en carrerillas de pueblo a través de suplementos nutricionales –vitaminas, minerales, sustancias de síntesis- sin control médico ni criterios de dosificación se está llegando al abuso para mejorar el rendimiento, algo impensable cuando regía la regla de que una persona entrenada no necesita de estímulos adicionales. Excusado decir que con ayudas artificiales y uso de estimulantes no hay deportividad.

El caso particular de los ocho miles en el Himalaya. Ejemplo bien conocido en donde a lo largo del tiempo, con recursos propios de cada momento, de cara a exigencias que han ido cambiando, han tenido como denominador común el "ir más allá del límite". Las primeras fueron empresas heroicas. Dando un salto en el tiempo (al fin y al cabo no estoy haciendo historia) hemos llegado a la situación actual en que ,simplificando, aparecen tres clases de himalayistas: un primer nivel, los que sin apoyos artificiales, en puro y limpio estilo alpino, acometen las ascensiones y exploran nuevas vías; un segundo nivel de realización de las ascensiones con apoyos artificiales, oxígeno, serpas que llevan las cuerdas fijas hasta cotas muy altas, etc.; y un tercer nivel (muy lejos de los anteriores) del himalayismo comercial en donde casi cualquiera, si tiene dinero, puede subir al Everest. Con cuerdas previamente colocadas allá lo llevan para arriba un serpa que carga con el oxígeno y otro que lo remolca. Todo el mundo sabe que el Himalaya está quedando como un almacén de cordelería y basura, del mismo modo que las grandes paredes para la escalada son como una ferretería.

Aquí hay dos cosas importantes: 1ª, ya entre los himalayistas y en general está extendida la necesidad de una ética, unas reglas, naturalmente basadas en la deportividad; 2ª, no hay que olvidar que la montaña es un bien precioso pero escaso y que no puede con todo. Cuidado con eso de que todos tenemos derecho a usar, y hasta abusar, de la montaña, estamos limitados por la capacidad del local, si se rebasa no se pueden vender entradas. Ya lo veréis el día en que para entrar en la montaña haya que sacar un carnet después de pasar el correspondiente examen de aptitud.

El "más allá del límite" en el deporte olímpico. Esto es competición y aquí tiene sentido el esfuerzo, casi sobrehumano. La meta lo merece. Pero, ¿qué pasa si la sociedad, o el orgullo nacional de determinados países, ponen por delante lo colectivo a costa de sacrificar a los individuos? Ese coger a jóvenes, niñas impúberes por ejemplo destinadas a ser gimnastas, alimentarlas, formarlas y entrenarlas modificando el curso natural de su formación y crecimiento, alterando incluso lo que serían su morfología y fisiología corporales.

La deportividad en la vida cotidiana

¿Hay deportividad en la sociedad? Cierto que hay muchas personas que hacen deporte pero son una fracción pequeña de la sociedad. Los colegiales de hoy con tantas facilidades deportivas sudan a placer pero en cuanto se hacen mayores suben y se sientan en las gradas de los estadios y llenan los bares ; polideportivos por todas partes; las marcas y fabricantes de equipos deportivos florecen; las retransmisiones deportivas llenan los bares (se suda poco, no hay que poner cubos y fregonas como en los gimnasios para recoger el charco de sudor del suelo); hordas montañeras que no saben lo que es una montaña, ni les importa, suben por todas partes; otras patean el Himalaya y en brazos de los serpas suben al Everest; la sección deportiva de los diarios ocupa largas y anchas páginas. ¿Quiere esto decir que tenemos una sociedad deportiva? Yo no contestaría afirmativamente.

¿Y qué vemos cada día? Ya hemos visto que deportividad equivale a educación pero en esto, aunque se va mejorando, todavía colean hábitos viciosos y egoístas: cosas que se tiran al suelo (papeles, colillas encendidas, chicles, gargajos, cagadas de perros, vidrios rotos, los vasos con restos de bebida y las meadas de los hijos de las noches del sábado); la práctica cruel y antinatura que supone tener animales de gran tamaño en la ciudad; el derroche en la iluminación; el placer y la emoción que descansan en el dolor y sufrimiento de los animales, que no son animales en el sentido peyorativo de la palabra sino parientes cercanos nuestros (peleas de perros, gallos, carneros, la cabra tirada del campanario, los toros, ciertos modos de cazar), comportamientos que se están revisando en los pueblos civilizados pues descansan en tradiciones de supuesta superioridad humana tan peregrinas y delirantes como antaño era que las mujeres no tenían alma o que los salvajes y negros eran una "cosa", una mercancía para llevar a vender en los mercados de esclavos; las cortas distancias entre paradas de bus que no solo fomentan una molesta proliferación de autobuses y su correspondiente contaminación sino que son una invitación a no caminar. De vez en cuando alguien tropieza con una baldosa suelta, se cae y reclama una indemnización al Ayuntamiento. Habrá de todo, pero a más de uno le diría "amigo, si te pagan, bueno, haces bien en reclamar, pero aquí entre tú y yo ¿quién tiene más culpa, la baldosa, o tú que por no practicar se te ha olvidado andar? Apañados están en tantos pueblos y aldeas que no tienen baldosas ni aceras.

El caminar, gran cosa, el Alcalde de Bilbao Sr. Azkuna lo ha dicho muchas veces y predica con el ejemplo. Me admiran tantas gentes que caminan pero resalto con cariño a esos grupos de señoras que a paso legionario van por parques, paseos o carreteras de los pueblos. A la par me dan pena los adictos al ordenador o la TV; los de vida nocturna cuya firma (vomiteras) queda en las aceras; los mayores, los de la película "Los lunes al sol", vigilando las obras del Ayuntamiento. (He oído decir que con la población actual la Señora de la Guadaña tiene exceso de trabajo a pesar de sus variados ayudantes (aviones que se estrellan, autobuses del Inserso que vuelcan, asesinos de mujeres, el Sr. Bush y otros señores de la guerra), pero el trabajo resulta sucio, con sangre, y eso no le gusta. Por eso ha hecho un convenio con fabricantes de muebles y televisores y con productores de programas, para instalar en los hogares cómodos rinconcitos para los abuelos donde ricamente, con cervecita fría y aceitunas, ver la tele. Manera limpia, suave y rápida que lleva a la butaca, luego a la cama y por fin a la cama de pino. ¡Abuelos, la Señora es muy astuta, menos butaca, a caminar!

Vidal Olabarría
Verano de 2009.


Editore erabiltzailea: admin |  Eguneratua: (2010/01/19 - 23:14) |  Permalink |  Erantzun mezu honi
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